lunes, 4 de mayo de 2009

Insomnes

Por la boca muere el pez y Oscar Wilde. F. Pessoa
Ante la imposibilidad real de aceptar el rosario que de mi se esperaba, decidí ir a una asamblea en calidad de intrusa a la que años antes había sido invitada en calidad de miembro honorífico:
-!Señores, señores! !Guarden silencio!...nos hemos reunido hoy aquí en convocatoria extraordinarioa con motivo de las últimas alteraciones para votar, por fin, si debemos o no portar los símbolos de nuestra asociación y airear así libremente, lo que hemos venido compartiendo durante tanto tiempo sin miedo a las explicaciones. Sin duda, no pretende ser esto una imposición, !oh, no, claro que no!;sino más bien, una posibilidad de enlace de protección llevando -en nuestros bolso, riñoneras, carteras o sucedáneos un símbolo propio-. Símbolo único para sobrellevar las divagaciones diurnas de insomnes maestros para no dar más explicaciones...somos así.
-Disculpe señor Presidente, ¿no sería esto etiquetarnos de nuevo con el síndrome de la univocidad? Es decir, como el tambor de detergente que muestra la clasificación según seamos blandos, oscuros, resistentes o delicados; Ser simplemente como la descripción mecánica de lo que se espera de los que flotamos por las calles enredados en significados?
-Bueno, eso sería una posible visión. La que perseguimos, al menos nos dejaría ganar tiempo sin preguntas. Obvio es que no podemos desestructurar los pasos de esta receta del uno, dos y tres, pero, podríamos al menos desdibujar la cualidad de fantasmas.
-Ummm....cierto, pero...¿quién nos protegerá cuando habitemos silenciosos y protegidos, sonrientes de dia, cuando nos marchite el realismo-efectista?

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