viernes, 15 de mayo de 2009

Nadadores

He aprendido a nadar en seco. Resulta más ventajoso que hacerlo en el agua. No hay temor a hundirse pues uno ya está en el fondo, y por la misma razón se está ahogando de antemano. También se evita que tengan que pescarnos a la luz de un farol o en la claridad deslumbrante de un hermoso día. Por último, la ausencia de agua evitará que nos hinchemos (...).

VIRGILIO PIÑERA


No sabría decir cuando, pero lo vi. Se desplazaba lento como todo aquel que se acerca al borde por complacer. Se quitó sus pequeñas chanclas y la toalla y miró alrededor esperando encontrar alguna cara conocida. No era un niño cualquiera, era un niño de barro. Dejó a un lado la silla verde donde estaba su mochila e hizo cola para la ducha como el resto de diminutos seres amorfos que gimoteaban y reían en la fila. Todo era extraño bajo la humedad y una voz les gritaba desde el otro lado obligándoles a cumplir sus órdenes. Bien poco le importaba la tolla nueva o el comienzo de las vacaciones porque ni los corchos, ni las burbujas, ni los gritos del instructor conseguían calmar la ira hacia esa cosa cambiante que le devolvía una estructura picasiana de si mismo. Bajo las escaleras fijándose poco a poco en la descomposición de sus facciones y una vez dentro, echó un vistazo al reloj de la pared que lo mantendría encerrado, desesperado, luchando por no deshacerse durante 50 minutos al menos.


... To be continued...

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