jueves, 18 de junio de 2009

On the doole

Es la manera de girar, sin duda. La manera de mirar espectantes como se lanza o como serpentea la cuerda cuando el brazo avanza y retrocede en forma de zigzag. Si tienen la punta más larga y afilada reciben un nombre más masculino, sin embargo, sin son más rechonchas y con punta más reducida se conocen siempre como peonzas.
"Hace demasiado calor", dice todo el mundo y alguien me puso en algunas de estas malditas redes a la que ya somos mas de miles de millones de adictos como el tabaco. No se si mis abuelos alguna vez tuvieron cierta razón y se que en muchas ocasiones dejaron de tenerla, ahora solo se que no me quedan abuelos, cinco nada menos tuve, pero no me quedan ya abuelos. Arrepentirse, dudar, preguntarle a los muertos o dejar de tenerlos en cuenta suele ser cotidiano, como lo es llevarlos en el bolsillo, en una joya o en el bolígrafo del bolso. El caso es que es cierto que hace calor, y es cierto que alguno de ellos me enseño a tirar los zompos y a girar en el día a día, tal vez, quiero decir..., como las peonzas.
Eso es lo que pretendemos ser a veces, espléndidas peonzas que mantienen el tipo en movimiento paseando por las calles, preocupándonos por los papeles que hemos de mandar, el dinero que ingresan en la cuenta del banco, las notas que aparecen extrañas en algunos tablones, las sorpresas que ansiamos y pocas veces recibimos...; pero todo movimiento necesita impulso y retroceso, descanso y esfuerzo, brillo y caida y seguir tirando sin ser un juego, ¿o por qué no?, sintiendo que lo es porque las cuerdas a veces, también saben tomar el pelo. No me gustan las listas, ni las colas, ni los examinadores inertes, no me gusta la espera, me encantan los colores que al girar se transforman en miles y en brillo, y uno se pierde concentrado mirándolos.
Me encanta ganar veinteduros o diez duros cuando compito con mis primos porque aun hoy soy una peonza que de vez en cuando piensa en duros y en juegos, echando de menos a sus primos, y en agualimones con abuelos y garrotes.
No pienso renegar a mirar pisos y tropezarme con las baldosas, o a quedarme pensando en historias de viejos extraños con el riesgo de que algún kinki me atropelle. Si joder, claro que hace calor, claro que aun sigo buscando mi hueco como miles de españoles, y claro que estoy hasta las narices de que no se aumenten los impuestos a los que viven en una constante marbella, pero no estoy dispuesta a dejar de oler a montaditos a las nueve de la noche, ni a abandonar a aquellos que cuando no he llorado han sabido ver que me escocían, como mínimo, los ojos.

1 comentario:

  1. ¡Lo que da de sí el calor!. En esta época tengo la sensación de que mi cerebro exhala sus propias moléculas de sudor, y que éstas bien podrían ser cada una de ellas un pensamiento; o una reflexión, mejor dicho, que al fin y al cabo cuesta su trabajo. Me alegro de no sentirme sólo en este aspecto. Y, aunque nunca se me dieron muy bien las peonzas, sí marearme y no parar de girar. Y carme. Y levantarme. Como miles de españoles. Estoy de acuerdo.

    (Salud)os!

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