domingo, 21 de junio de 2009

Peregrinación

Clavando el iris irritado en movimiento,
escuchando un silencio que no llega,
-Vuela como un látigo, como serpiente-,
pregunta antes de sentarse a mi lado.
Me giro, sonrío sabiéndome sola,
cojo su mano en el vacío y aprieto.
En la arena, derretidos, yo pregunto:
las palabras duermen y archivo el verde.
Siento la brisa y lo agarro,
me pregunto que hace con el recuerdo,
lo miro desierto y responde en espuma,
-ahora un puño deja escapar la arena-,
siento su abrazo y por fin la entierro.







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