domingo, 21 de junio de 2009

Se llamaba Laura y columpiaba sus pies al ritmo de una canción de la tele, posiblemente japonesa. Llegué de sorpresa, cansada, sudorosa, con la muleta en la mano y decidí sentarme un rato a la sombra para reponer fuerzas mientras me acordaba de los rayos láser del rehabilitador y de toda su familia al conjunto.

De repente Laura, hasta entonces sin nombre, adivirtió con tono de madre a sus dos compañeros que no se fueran solos para casa que tendrían problemas, mientras refunfuñaba por el retraso, -parece ser habitual-, de su madre y sacaba algunos cuadernos a medio pintar de una mochila azul y rosa. -Adiós Laura!!!, le dijeron estos...Después, giró la cabeza y se me quedó mirando interrogante antes de atreverse a preguntarme por mi pierna:

-Te duele?-, preguntó señalando directamente a mi cicatriz.
Yo, que acababa de encenderme un cigarro para acabar de resecarme la garganta entre tanto calor y cansancio, expulsé el aire mientras pensaba si tenía ganas de iniciar una conversación con un ser de la etapa del y por qué o próxima.
-No, no demasiado, pero estoy cansada-, al final caí..., es tan potente como la atracción hacia las patatas fritas después de un disgusto.
-Yo también estoy cansada y dentro de poco, estaré cansada, enfadada y con hambre-, fue su respuesta.
Aquellas palabras iban acompañadas de una gesticulación impensable para su edad. Guardé silencio expectante.
-Siempre me hace lo mismo, espérame cuando salgas del cole, me dice, pero para qué, si siempre llega tarde y me aburro y me quedo igual de sola que si tuviera que cruzar calles e irme, a pesar de los hombres extraños y de la gente rara. No me deja hacer nada y no haciendo nada, no aprendo nada, solo a esperar, a esperar que ella quiera hacer algo y entonces me habrá enseñado que mientras los demás andan y cruzan calles y tienen riesgos pero llegan a sus casas, yo la espero, me enfado, me aburro y tengo mucha más hambre que los demás-.

Aquello me hizo girarme por completo para mirarla de frente extrañada. No se correspondía aquella voz con esa niña morena de pelo liso y vestido verde que me miraba con cierta ira como si no hubiera acabado de expulsar su enfado. Intenté decir algo, adulto? poniéndome del lado de la madre sin saber siquiera por qué:

-Hombre, Laura, eso tu madre te lo dice por tu bien, porque piensa que es menos peligroso para ti y se preocupa y bueno...ya sabes como son los padres...
-Si, ya se como son los padres de los demás, los mios son diferentes-. Los mios tienen miedo: tienen miedo de que me caiga, de que un hombre me lleve y me de chucherias que no sean buenas, tienen miedo de que me pille un coche o de que me hable o se me acerque un inmigrante, tienen miedo de que me engañen, de que me ponga mala...siempre tienen miedo. Y yo no tengo miedo, pero acabaré teniéndolo porque no puedo hacer nada, a parte de esperar que me recojan en este banco.
-Tal vez, deberías intentar poco a poco que confíen en ti, que te dejan salir a comprar pequeñas cosas los fines de semana, que te puedas volver a casa acompañada con alguna vecina, o la madre de algun amigo, se trata de negociar, tu tienes armas... Fumaba mientras incómoda delante de la pequeña.

-¿Negociar??esa palabra me gusta, a eso quiere dedicarse un primo mio, a los "negocios" de eso hablan mucho los mayores como tu...
-¡¡¡¿¿¿¿¿Como yo??!!!!!!, como yo????!!!!....De repente recordé que ya no entraba en los descuentos de entrada para estudiantes, ni en los albergues con descuento para menores de 26 y ya no contaban en la mayoría de los museos franceses como jovenes con descuento...sin embargo, estaba manteniendo una conversación coherente con una niña de primaria que hablaba con mas cordura que muchos hombres/mujeres de negocio... Ahora si que me dolía y no era la pierna, era otra cicatriz, "los mayores como yo"...lanzó ingenua esas palabras rebotándome a una realidad en la que pretendía aconsejar a una niña indignada en un banco de vuelta a casa. Decidí marcharme aturdida, despedirme de aquella Chihiro española con argumentos de vieja.

-Bueno Laura, un placer conocerte, he de irme pero seguro que no tardarán en recogerte no te preocupes-.
-Lo mismo digo, un placer. Si, si yo espero, como siempre....

Aquellos ojos saltones y negros se despidieron de mi con una mirada fuerte y segura mientras yo me preguntaba que especimenes estaban llegando a día de hoy a nuestro mundo...Los niños son niños, pero no son gilipoyas. Laura sabía seguro mucho más de los que sus padres imaginan y posiblemente mas que yo y que los "mayores como yo" agggg, me duele....la cicatriz.

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