viernes, 3 de julio de 2009

Uncoloured

Le obligó a batir alas, batir alas, batir alas y lanzó su mochila desde un vigésimo-segundo piso mientras yo almorzaba en la azotea mi cebolla con piel diaria.
Batir alas, batir alas, y saltar... no es lo mismo, los escuché con sus rígidas corbatas exclamar acristalados en la oficina de la décima planta.
Abrí mi quinto de cerveza y esperé mientras la humedad y el calor quemaba poco a poco la piel blanquecina de un cautivo sin dinero que arrojar a los cristales de los taxis.
Batir palmas, batir palmas, batir palmas, explotó una nube contra un cemento humeante y Billie Jean sonaba en el drugstore de la 48...

No hay comentarios:

Publicar un comentario