miércoles, 26 de agosto de 2009

Lady Bird, lady bird

Muertos. Estaban muertos. Nadie calculó que aún estando a la sombra se encontraban en un lugar cerrado, con ventanas blindadas y sin pizca de aire que rozara sus pequeñas plumas. Serían las dos de la tarde de un septiembre agonizante, cuando una venta se convertía en parada obligatoria antes de continuar con el largo camino. Pocas cosas dignas en aquel viaje, a excepción de unas cajas pequeñas y marrones de madera a las que había ido vigilando durante el trayecto. Sin embargo, un pequeño descuido, un instinto sin saciar y zas!, cuatro pequeños cuellecillos amarillos colgando de un puño. Todo era extraño y pegajoso, recubierto de algunas melodias de coplas y de almohadas ocupando la parte trasera de un renault 5. No pudo volver a mirar la piscina de toboganes multicolores de la misma manera, ni admitir que aquel lugar tenía un buen postre...

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