viernes, 7 de agosto de 2009

Quién dijo miedo

No culpaba al padre, no compadecía a la madre, no se torturaba con remordimientos de conciencia (...)
Cuentos Imprescindibles. A. Chéjov



Tragó tanta agua que tuvo tiempo hasta de descubrir que tenía sabor. Abrió los ojos, nervioso, enfurecido, irritado y lleno de arena por todo el cuerpo. Mientras todos en la orilla lo miraban, no pudo más que escupir y escupir, arrancarle un trozo de camiseta al pobre socorrista que intentaba reanimarle y pegar una patada al castillo que unos niños acababan de terminar hacía apenas media hora. !Mierda, mierda! así había sido aquella absurda determinación: una enorme y maloliente mierda que había estado apunto de cambiarle la vida o la muerte. Estaba de vacaciones al borde del estrés y buscando a toda costa desaparecer del descanso, de la familia, de la playa, del calorro y de los putos domingueros, mientras miles de barcos osaban lanzar el ancla en la boca de los bañistas con música de lo más cani. Ni melocotones ni patatas, ni crema nivea, ni mosquitos cojoneros eran su ideal de vacaciones y allí estaba, como una croqueta mirando a su alrededor angustiado con la idea de que la familia a veces también pudiera matarlo en cualquier momento.

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