sábado, 5 de septiembre de 2009

Madrid- Getafe

Sin ser las doce podría haber roto tres, pero solo estampó una. Golpe seco, frío, hizo desaprecer en fracción de segundos una copa con olor a wiskie. Llegó justo quince minutos antes de que cerrara el dueño y sacando su paquete de tabaco arrugado, pidió la copa que reservaba para ocasiones. Lo bueno y lo peor tienen siempre su propio rito de celebración. Tenía una deuda pendiente con la vida y no era fácil pagarle las facturas a fin de mes, menos cuando la deuda tiene que ver con dos piernas de muñeco y una pequeña cabeza con más piojos que dientes. No había manera de despreciarla porque solo lo veía a él: enegrecido, diminuto, chupando cualquier cosa que caía en sus delgaditos dedos. Carretera a pleno sol, aburrido del recorrido de un trabajo inexistente, la justicia es para él la palabra idónea para materializar la impotencia. Creía que nada estaba decidido. Ahora cree solo en las cosas que toca. En un día la alegría es como un vaso, tiene una forma y al siguiente segundo, puede ser solo miguitas en un bar cutre . Especialmente, si un niñato, cinturón trenzados y mocasines, le despierta gritando que mueva su furgoneta porque obstaculiza la entrada de su mercedes en el garage.

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