lunes, 28 de septiembre de 2009


Pues es obvio que llueve y que la cabeza parece separse del cuerpo. He dormido mucho más que tú y con las tostadas y el spotify he recordado trozos de porqué, en algunas casas en las que me he hospedado apenas entra la luz y el contrato laboral no tiene hora límite para dejarte ir a casa o a tomar unas cañas en el Chambao o el Cubo. Aguntar, aguantar...Aguantar mientras seas joven y no te quemen las prisas, los inventarios falsos de los caseros, las dudas sobre tu esfuerzo y el puto ruido del metro. Tú dices que donde está escrito lo justo o lo injusto y que la justicia en el fondo es una patraña para atarnos al día a día, y yo y Paula e Ines te miramos con un pincho de la sidrería vasca comiendo y callando con nuestro buenos modales.
A pesar de eso, soñamos, usamos internet y vagamos con risas intentando agarrar un taxi o viendo algún partido de fútbol con abonos cedidos. Nos reimos con los lios entre trabajadores y ejercitamos los pensamientos positivos escapando del aburrimiento entre lingotazos de brandy y flores de Bach. Por cierto, todas tendremos un día el síndrome de Diógenes y alguien con quién compartirlo, lo que ya no se es si será a los ochenta años...



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