miércoles, 21 de octubre de 2009

Walheim


Todos los maestros y doctores convienen en que los niños no saben por qué quieren lo que quieren; pero por más que para mi sea una verdad inconcusa, nadie consiente en creer que los hombres, como los niños, caminan a tientas sobre la tierra, ignorando de dónde vienen y adónde van, y no actúan en pos de verdaderos fines, y como los niños, se dejan gobernar con juguetes, confites y azotes (...).
Werther. Goethe.


Lo llamó, lo cogió, lo agarró por el cuello y esperó paciente que su frente estallara. Poco pudo hacer con la saliva o con las manos dispersas que revoloteaban confusas. No había preparado ni el discurso, ni la ropa, ni habia hecho compra alguna; tampoco había dormido, no tenía sentido. Sintió que la pared se tornaba amarilla y de repente, un líquido caliente corría ya entre sus piernas. Mientras su cuerpo se deslizaba hacia abajo enrojecido, furioso, vencido, quedó su mirada fija en una foto, un alma. Sus pupilas dilatadas, su lengua atrapada, su recuerdo, sus recuerdos...

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