sábado, 14 de noviembre de 2009

Klappe




Clak, clak, clak visceral. No me importa que sea mudo, consecutivo o de sustitución, me da igual y entonces también me daba. Existen sonidos púa, bailes que al que odia la danza jamás se le olvidan. Números que cambian de letra, rollos que empiezan y acaban, palabras y anillos que viajan, rompen, beben, sueñan a veces ríen, snifan y en ocasiones se suben a grúas y tal vez llaman a la vida “una noria”.

Clak, clak, clak…Siempre llama a casas sin dirección postal. Y consigue el ansiado resultado de despertar al destinatario con una sonrisa. Le muestra rapidísimo nombres que jamás le enseñaron. “Prestad atención hablando lo mínimo y observando lo máximo, obligado es desterrar la queja” tras esto, ¿quién es el que eras? Actúa con cintas de colores, carreras, cables, miedos, objetivos, filtros y de algún que otro moon-walker. No calla, mejor se canta y no siempre lo hace para recordarte que ese pick up ha de ser al revés. Pasan rápidos los escalones, lentos los nocturnos, rápidos los almuerzos, lenta la tensión, rápido el sol en el tejado, lentos los errores, rápida la suerte.

Hubiera querido entonces, y tal vez de modo irreal ahora, otra altura, otra cartilla, otro bolsillo, otra ciudad. No, nos dicen que elegimos pero, las elecciones no son nuestras, ellas nos buscan y no avisan. Un día te apuntan en un callejón a pleno día y no escapas más. Lástima que esa elección congénita sea tozuda y lástima que viva aplastada en la mayoría de sus mil vidas.

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