martes, 15 de diciembre de 2009

Frío

Es primavera
caen flores de hielo
por las aceras.
D. Illana

Frío, ya no tengo frío porque lo soy. ¿Roca o piedra me concedes?. Imagenes difusas recorren calles, mercados, paradas de metro y con ellas el cansancio y la muerte, las monedas y el alcohol. Son sucias, estorban, apestan y solo piden -eso dicen sobre las palomas-, pululan por las plazas buscando migajas...de pan, de atención, de turistas, de carteras. Llega el invierno y se esconden sin madriguera, se calientan sin calor, lamentan sin recuerdos. Frío, frío, vacío, hambriento, loco envuelto en palidez.

El frío despacito, en silencio, conquista articulaciones, se apropia de tu espalda y rompe, vértebra a vértebra las ganas. Impide la risa y la propiedad, un descanso, una tregua. Valiente y castigado se esconde en las pupilas y congela el futuro, el llanto, la dignidad, el dolor. No entiende de orgullo, por tanto, no les oyes.

Pero, ¿qué es frío?, ¿qué conoces de él por tus quejas?: ¿clavar a alguien con la mirada? ¿empequeñecer la duda, la rabia por la desgracia?, ¿ o tal vez las nieblinas vagabundas, demacradas, enrojecidas, vacías y solas que naufragan en lás dársenas, en las respuestas carentes de ilusión, en la decepción del que esperó encontrar tiempos pasados, la falacia de que el ser humano fue un día bueno? Frío, frío... tosen, estornudan, tiemblan con uñas negras, dedos de nicotina y país de alquitrán y tu -cuidado que les pisas- lamentas tener frío.

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