domingo, 31 de enero de 2010

La mejor excusa

Pues ya que el cajero cree saberlo todo sobre mi vida a través de mi nómina, que mi vecina sabe cuánto dinero me gasto en ropa por las etiquetas de las prendas que cuelgo en la terraza; que mi cartera entiende demasiado de las facturas que pago o de las revistas a las que me suscribo y que mi médico puede definirme con tres palabras desde la última visita, no me queda razón alguna por la que no tener tarjeta de crédito o mi foto en una cutre-red social, pues tengo sin embargo, tarjeta médica, de la biblioteca, del supermercado al que acudo, de los clubes o bares que frecuento, de las ONG's a las que ayudo, de donante si es que lo soy, de conducir tenga coche o camión, de los restaurante en los que repito y probablemente, tarjeta de miedoso pero en la frente, por tanto, digamos que no hay excusa para no sentirnos públicos, contentos, pero públicos.


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