jueves, 4 de febrero de 2010

Mi pasado vive: tu presente

(...)Estaba en peligro. Ya no era víctima de una glosa sino de un complot. Pero se resignó y atendió igual, y mientras se miraba los pies -unos pies de gigante, alrededor de los cuales crecían dos minúsculos océanos humanos- alcanzó a oír lo que desde el principio había temido que le dijeran: la puerta de calle estaba cerrada con llave. "(...) El pasado. Alan Pauls

Pues si, hemos tenido tantas inundaciones este año que entre bomberos, crisis y hambruna apenas hemos tenido tiempo de fijarnos en los que duermen cada noche al otro lado de la cama. Suponemos que se visten y que salen cada día a trabajar para volver silenciosos y silenciosas, cansados y cansadas, malhumorados y malhumoradas pero siniestros en masculino .Más de una vez le pregunté al panadero de la esquina si había visto llegar el furgón azul que todos esperamos, ese que prometió traer noticias de Tía Anita, del Maestro, de Simon, pero solo llegan, dice, bicicletas vacías, casi siempre cansadas, autos rotos y algún que otro residuo del contenedor de vidrio. No hay mucho tiempo, repite cada vez que nos encuentra en el espacio del ascensor Mateos Kleine, vecino del segundo, el que tiene un ojo de cristal muy azul, no hay mucho tiempo y Doña Ángela tiembla y se frota sus manos rojizas y artríticas. No saben que decirnos y cuando salimos del centro de salud, casi siempre nos abren la puerta no por educación sino por rapidez. Pensamos en comprar leche, luego tal vez la compremos en polvo, pensamos en comprar carne, pero mamá comprará arroz. Es curioso mirar los televisores llenos de polvo por la verja en forma de rombos de la viuda Nolta. Suponemos que vuelven y salen cada mañana sin vacilar, sin mirar a los ojos y suponemos que respiran porque a veces dejan bahos en el baño o en la pared o sangre a modo de notas informativas. Es cerca de la media noche, hoy tampoco llega el furgón azul...

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