miércoles, 14 de abril de 2010

Lo mejor

-¿Nunca ha soñado con recibir un regalo enorme, como las cajas de frigorífico, solo por hacer trizas el papel brillante de la envoltura esperando que guarde en su interior el regalo que nunca nadie ha acertado, la ilusión de mucho esfuerzo o simplemente, el mayor capricho de su vida?
- ¿Se refiere a alargar, con mil ojos puestos en su actitud, un momento incómodo de desengaño?
- No hombre... me refiero a retener por más tiempo el climax de ilusión ante lo incierto.
- Bueno, no me gusta que me miren como rompo el papel de los regalos: la gente se fija en las manos, en las uñas, en la delicadeza o la fiereza que emplea y lo peor, debe casi siempre fingir una sonrisa enorme que disimule el ¿para qué cojones quiero yo esto? o como poco, disimular el !menuda bazofia!
- Ya..., Señor Tino..., cuando venía hacia aquí recordé el momento en el que abrí, hasta hoy, el mejor regalo de mi vida y es curioso, porque no recuerdo que era pero, si que recuerdo el nerviosismo y la euforia de mi descubrimiento.
- Ahora quiere usted...!Las cosas necesitan siempre albergar un misterio, dejarse entreveer sin mostrarse, dejar inventar lo que contienen sin hacerlo real, porque de lo contrario, la ilusión se esfuma por atiborramiento.
-Entonces sabe de lo que hablo... me gustaría recibir un regalo enorme, pasar mi tiempo rasgando el regalo perfectamente forrado cuyo regalo en si es la ilusión de descubrirlo, alcanzar una meta que es averiguarlo, tanto si lo consigo como si no. Rasgar con ansia y sin pausa el papel brillante de una caja tan enorme como la de un frigorífico.



miércoles, 7 de abril de 2010

El que interrogara a poetisas argentinas

Quién quiera que fuese propagó el Tao y citó a Demian, mató mil peones de ajedrez intentando conocer el cielo, cicatrizó con parques sus brotes de agorafobia y pintó de amarillo el cuadro en el que habita. Quién quiera que lo matara, lo resucitó en palabras de pizzeros y de funerales, en bolsillos rotos y en lengua abatida por la influencia de una crisálida, de un padre y de un amor no-nato.
-No pareces...-, comenta al que no miro, -no estoy-, más bien le recuerdo. Y de repente, los cuadros de Escher interrogan la capacidad de un mentiroso que patenta un genio dentro de un café solo con hielo.
De preguntar a un solo ser, mostraría la verguenza de su alterego tumbado en los jardínes al ritmo de los Smiths y entre terapias gestálticas y buda nadaría en un paseo marítimo lleno de conversaciones de madrugada a la espera de un siempre consagrado -te faltó la tercera carta-. En el prólogo de la misma se despista al murciélago que tras el pitido acude a buscar el alimento de su pequeña alma.

martes, 6 de abril de 2010

Atragantarse con una galleta


Dictado por el ocaso,
por el aire oscuro, se abre el círculo
y lo habitamos: transiciones, espacio
intermedio. No el lugar
de la revelación, sino el lugar
del reencuentro. La espada
que divide la luz. (...)
Del poema Unidad.
PERE GIMFERRER

En medio del ruido, de la tarde y de la invisibilidad, se atraganta con una galleta y se hunde en un vaso de leche de soja porque, ya no es cualquiera, sino soja, aunque la galleta siga siendo la maria dorada de toda la vida. Después, cuando logra recuperar el aliento y abrir por fin los ojos tras la tos, advierte que el encuentro entre su respiración y su saliva no es casual, más bien, una perfecta sincronización entre el estado de ánimo, la realidad y el sino. Por fin, una pequeña parte, aunque solo sea una, lucha por revelarse. El cuerpo, la mente y hasta el deseo se acomoda, no así su campanilla que harta de falsa coherencia, le despierta y le recuerda lo que aún puede y no puede hacer.