martes, 6 de abril de 2010

Atragantarse con una galleta


Dictado por el ocaso,
por el aire oscuro, se abre el círculo
y lo habitamos: transiciones, espacio
intermedio. No el lugar
de la revelación, sino el lugar
del reencuentro. La espada
que divide la luz. (...)
Del poema Unidad.
PERE GIMFERRER

En medio del ruido, de la tarde y de la invisibilidad, se atraganta con una galleta y se hunde en un vaso de leche de soja porque, ya no es cualquiera, sino soja, aunque la galleta siga siendo la maria dorada de toda la vida. Después, cuando logra recuperar el aliento y abrir por fin los ojos tras la tos, advierte que el encuentro entre su respiración y su saliva no es casual, más bien, una perfecta sincronización entre el estado de ánimo, la realidad y el sino. Por fin, una pequeña parte, aunque solo sea una, lucha por revelarse. El cuerpo, la mente y hasta el deseo se acomoda, no así su campanilla que harta de falsa coherencia, le despierta y le recuerda lo que aún puede y no puede hacer.

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