jueves, 10 de junio de 2010

Piss over

(...)Sintió cierta frustración al no poder desahogar la cólera que incubaba, como cuando uno quiere estornudar y no puede (...). La soledad de los números primos. Paolo Giordano.



Desde arriba libera, desde abajo siempre será sucio.


Podría hacerlo, claro que si, pero no cambiaría nada a parte del olor y del hecho de que vaciarlo completamente sobre una caja llena a rebosar supondría inflar aún más un peso corrosivo, un peso extraño de explicar. Aún así supuse que lo hacía y me decidí a contártelo por la tarde.


-Ya lo he hecho mil veces-, dijiste. Pero sonreiste como hace dos años o quizás más.
- Bien, y ahora, ¿qué hago yo con la puta caja de cartón?-, estampé la triste taza en la mesa de madera y empecé a sacar la parte cómica de mi enfado con una brisa extraña de aire seco del norte.
-Pues quémala, !hagámos una hoguera!-, yo haré los hechizos necesarios frente a un micro.
- Servirá de algo?-, sorbí el último trago y grité.
- Seguro que si, ya está...no vale nada lo que queda ahí sucio y malholiente!, reías lanzándome el reto bajo el quinto lucky de la tarde.
Aquella caja cambió de color y se volvió débil, de camino al Esperpento. Observé caer cada uno de esos objetos sin nisiquiera despedirme, sin decir adiós, sin consolarlos. Apestaba, se doblaba y estrujaba. Recuerdo que oí tu risa y la de ellos al verme cargada en mitad de la noche. No se si tuve tiempo para lavarme las manos o para vomitarle todavía encima solo se que desapareció.


Es tan simple como eso, una corriente inestable, caliente, amenazante, deseosa por ser liberada y lo ha sido sobre una caja a rebosar y con un aquelarre en medio de la Plaza Mayor. Porque lo digo en serio, desde arriba libera y sin embargo, al pasar las horas ni siquiera existe.


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