jueves, 26 de agosto de 2010

Balbuceo

Lo he cogido en mis brazos por fin,
agarrando sus pequeños dedos en silencio;
el tiempo es un loco que habla muy deprisa,
frente a un sol a punto de apagarse.


Recuerdo la quinta tarde de mis ojos mudos,
la quinta noche de mi risa murta,
el quinto día de mi cuerpo inerte,
la quinta gota donde lo encontré.

Se aferra ahora a mi pecho sin discutir,
palpita su tierno corazón cuando lo ignoro,
dejando el rastro de un beso,
y tijeretazo de ilusiones,
batalla contra el repugnante pus que me retiene.

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