martes, 17 de agosto de 2010

Kinder



Sin embargo, tardó mucho tiempo en encender la cerilla y en darse cuenta de que llevaba horas en aquel hueco esperándola. No sabía como mirarme, soló bajó la mirada posando sus enormes pupilas en los zapatos rojos que había estrenado aquella tarde. Tuve miedo de que supiera más de lo que intuía pero, había tomado la determinación de cumplir lo prometido. Cayó al suelo su diminuta muñeca y no valía la pena devolvérsela. Era el comienzo de mi plan..., algo que ella no habría de avergiguar jamás, entre otras cosas, por falta de tiempo... su tiempo.



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