domingo, 31 de octubre de 2010

Des-empleo, des-amor, des-propósito

"Da igual. Prueba otra vez. Fracasa otra vez. Fracasa mejor". Beckett


Siento que he perdido. Así comenzará el poema que no escribiré en el ejercicio mismo de practicar una extraña fortaleza muda de cambios de domicilio y trenes. Siento que he perdido sin haber podido jugar, sin conocer si quiera, las reglas de aquel juego donde el jugador se abre camino corriendo, empujando, aplastando en abrazos al contrincante para el touch down del beso en la estocada final siendo obviamente el toro. Estuve en el banquillo puliendo mi futuro y descubrí que no hay árbitros y escasas veces "compañero". Todos los proyectos son solitarios y muchos presos de cadena perpétua. Sin casco sufrí la embestida, sin protector el golpe en el pecho. No he llegado a la meta, entre otras cosas, porque nunca supe de su existencia. Un campo minado, apenas verde, sino amarillo, con dos palos altos apuntando al infierno que yo llamé cielo. Siento que he perdido y que no importa lo que haya recorrido porque ahora he de volver atrás sin poder anular lo que no dije y lo que si, lo que no hice y no vi, lo que hice de más y lo que luché con sangre en las encias, en las manos y rodillas, en los recuerdos, en los proyectos y en el corazón. Siento que he perdido.

4 comentarios:

  1. Para aportar una simple semilla de belleza, terrible si, pero belleza... Miguel Hernández, maestro entre poetas:

    Como el toro he nacido para el luto
    y el dolor, como el toro estoy marcado
    por un hierro infernal en el costado
    y por varón en la ingle con un fruto.

    Como el toro lo encuentra diminuto
    todo mi corazón desmesurado,
    y del rostro del beso enamorado,
    como el toro a tu amor se lo disputo.

    Como el toro me crezco en el castigo,
    la lengua en corazón tengo bañada
    y llevo al cuello un vendaval sonoro.

    Como el toro te sigo y te persigo,
    y dejas mi deseo en una espada,
    como el toro burlado, como el toro.

    Tus palabras me lo recordaron, y la muerte lo esperó así, burlando sus sueños, sus esperanzas.

    Antonio Machado, lo veía así:

    Todo pasa y todo queda,
    pero lo nuestro es pasar,
    pasar haciendo caminos,
    caminos sobre la mar.

    Y si yo pudiera añadir algo, te diría: en este tiempo que viví he aprendido que cuando el viaje parece acabar, en realidad siempre continúa, sólo que de otra manera. Nada que verdaderamente nos pertenezca nos podrá abandonar nunca, es decir: jamás. Porque éso será lo que somos. Lo que alguna vez logramos expresar de lo que somos... Parezco el típico que da lecciones ¿verdad? Perdóname, por favor.
    Me siento muy humilde diciéndote ésto porque demasiado me lo han repetido y me lo siguen recordando, cada otoño, las hojas que se lleva el viento.
    Desprenderse, desapegarse, ceder... para poseer sólo lo esencial, lo único, aquéllo que nos nutrió y ahora nos conforma, y forma parte de nuestra savia, nuestra agua, ¡nuestra luz!
    Concédete un minuto de melancolía pero ponte en pie y luego en camino. Si sabes a dónde vas, llegarás...

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  2. Muchas gracias por tus palabras y por los poemas, no conocía el de Miguel Hernández y si, curiosamente ambos hemos utilizado el mismo simil...
    Tendré en cuenta la esencia y la savia...

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  3. Para los corazones desmesurados la medida no existe, pero ellos laten ante lo inmenso o ante lo diminuto. Eso es lo importante: seguir latiendo...

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