martes, 12 de octubre de 2010

Once a month

Una vez al mes me despierto de un sueño con un recuerdo que ya no existe pero era el tuyo. Congelo el tiempo, el dolor y las mentiras y no siento rabia, vivo feliz segundos de desconcierto, calor que desaparece con la taza de café o con el frío que ya entra por las ventanas. Una vez al mes, me paro en seco y odio los puentes y los fines de semana y los conciertos y los festivales y por supuesto, las revistas de música. Una vez al mes, me siento en el sofá vacío, miro al frente y no lo entiendo. No quiero saber de cine, ni de cursos, ni de Edimburgo, ni de oposiciones. Una vez al mes, odio las barbas y las gafas de pasta, las risas, las bromas, las camisas de cuadros y las converse, también las chaquetas, especialmente las negras y odio escribir. Asesinaría velas artesanas y me haría amiguísima de Pinipones que de ti me hablaron. Una vez al mes, no quiero comer humus, ni ver videos de Gondry, ni beber vino, ni desayunar papaya, ni ver películas pedantes de esas de autor ni de pixar. Rompería las fotos y mataría al ladrón de mi cámara. Como fantasmas, una vez al mes, los cuadros hablan y me irritan los catálogos de Ikea y los cortos. Una vez al mes, desaparezco en mi propio sueño y no despierto.




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