domingo, 7 de noviembre de 2010

Who will?


"Lo he encontrado brillante y nauseabundo. Mi faux ancestro era un verdadero samurai enloquecido, ¿verdad? Pero al menos tenía el valor de manifestar sus convicciones. Como mínimo, era consciente de lo que defendía. Qué poco ha cambiado el mundo desde mil ciento ochenta y seis, por mucho que nos guste pensar lo contrario (...)" .
Invisibles. Paul Auster


Marian ha roto el cigarrillo con la delicadeza del que sube una cremallera en invierno. Cúantas cosas ha incluido en el manifiesto y entre ellas, ninguna idea genial para orinar antes de que cumpla el plazo de entrega en las manos del editor. En los años que he visto tambalear su cuerpo colérico y diminuto, muchas veces he tenido la sensación de ver una iglesia en pleno fuego derrumbarse, crepitando cada una de sus vigas y de los nervios camaleónicos que la componen. Por supuesto, he sufrido su indiferencia, su crueldad, sus lágrimas y sus largas noches de melancolía pero nunca supuse que me querría para esto. Cifrar los poemas en notas musicales no es un don, no es mi don. Si, creer que puedo llegar a hacerlo lo que acrecenta sin duda su sarcasmo y mi incomprendido ego. Coge con imprudencia mis gafas casi cada tarde, las revisa a contraluz y finge no ver la niebla. Digamos que hay pocas cosas que la pluma no le permite, la primera la mentira y la segunda narrar la vida feliz que desearía.




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