miércoles, 9 de febrero de 2011

Dragón

Le han cansado. Generalmente está acostumbrado a hablar para dos o tres mientras que los 24 restantes se dedican a perder el tiempo. Permanece en medio de la habitación explicando los por qué si y los por qué no de los compuestos y sus valencias. Corre la misma suerte que un pequeño elefante entre leopardos. Hace tiempo llevaba bigote y barba y pantalones de cuadros y chalecos de lacoste, era moderno con sus gafas de pasta y la enseñanza, como en la segunda república, le parecía el arma fundamental para el cambio. Eran tiempos para creer. Ahora escribe en la pizarra con la ropa del Corte Inglés de rebajas y hace como que no escucha las burradas, los botellones y los trapicheos para comprar porros de sus jóvenes alumnos. Permanece erguido, ajeno a todo lo que allí se hierve más allá de la educación secundaria obligatoria, recitando la lección año tras año y esperando con anhelo que lleguen pronto las lejanas vacaciones de semana santa. Cuando salga del aula, cerca de las 15 horas, pasará por el cajero para tener la certeza que irremediablemente su tiempo ha servido algo más que para el "cambio".



1 comentario:

  1. Así hablaba Zaratustra... Tú lo sabes bien: el ruido asesina los pensamientos.

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