sábado, 19 de febrero de 2011

Mine Vater


He aprendido mucho con sólo mirarlo. No hablamos mucho por eso lo observo. He aprendido mucho a lo largo de innumerables periódicos que cogía cuando abandonaba la sala de estar para que no pensase que yo también era capaz de leer y lo peor, que además me gustaba hacerlo. He aprendido mucho con sólo escucharlo, técnicas de un sabio: nunca había una palabra de más sobre la mesa, ni en el pasillo, ni en las buenas noches ni siquiera en las broncas, el silencio puede ser un arma extremadamente potente. Hay que ser demasiado inteligente para cautivar a un contrincante, a un hijo o a un tercero simplemente emitiendo cuatro palabras, seguidas de un silencio y de cuatro palabras más todas roncas y profundas. Es un arte.


Sé poco y dicen que aprendo mucho. A jugar aprendí poco con él...lástima... pero si a poner los brazos de forma totalmente correcta para los tiros libres de nuestra partida semanal de baloncesto, es fácil saber qué es una zona o qué significa pivotar cuando supone estar juntos al menos una hora. He aprendido mucho de cine ignorando sus comentarios, de política huyendo de los apestosos que entraban en mi comedor los viernes y fines de semana y me lo robaban en mítines aún más apestosos de un grupo de políticos demenetes y extremadamente apestosos que aún pululan por mi pueblo natal pero esa, es una historia horrible de la que no aprendí nada y todos perdimos mucho. Ahora he aprendido que lo quiero más que nunca: cuando él ha aprendido a dar abrazos y a desaprender de las putas normas y a pasar de largo de las sucias artimañas de cualquier inepta autoridad.




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