martes, 29 de marzo de 2011

Pecera

Preguntó claramente quién lo había llamado y sólo hubo miradas de extrañeza, el vacío rellenaba las tazas de café con dos azucarillos. Al rato preguntó quién la había llamado, la tristeza empañó sus gafas. Años después preguntaron ellos por qué se les había llamado y cuando las miradas huecas cubrieron el recorrido hacia la pueta de salida, un cartel avisaba a la entrada de la pecera: "oficina habilitada para trabajadores con dificultades auditivas".




Sonrisa, ventana

Cuando se abre la ventana, hay un viejo dicho que especifíca que los olores que pueden llegar a entrar en tu habitación logran sorprendentemente cambiar las cosas, el universo de tus cosas. Los olores no se palpan, impregnan, sirven demasiado poco y demasiado mucho. Demasiado poco para permanecer ajenos y demasiado mucho para activar de nuevo tu pituitaria y algo que pocas veces se nombra, algo que por fin, y a tenor de los errores, tiene más peso que el mismo sol y casi más fuerza que un terremoto, situados en el origen. Por eso mismo no vale la pena asfixiarse y es necesario cada día abrir las de un lado y las de otro...



lunes, 21 de marzo de 2011

Alma dormida


Me tendí sobre la hierba entre los troncos
que hoja a hoja desnudaban su belleza.
Dejé el alma que soñase:
volvería a despertar en primavera.

Nuevamente nace el mundo, nuevamente
naces, alma (estabas muerta).
Yo no sé lo que ha pasado en este tiempo:
tú dormías, esperando ser eterna.

Y por mucho que te cante la alta música
de las nubes, y por mucho que te quieran
explicar las criaturas por qué evocan
aquel tiempo negro y frío, aunque pretendas

hacer tuya tanta vida derramada
(era vida, y tú dormías), ya no llegas
a alcanzar la plenitud de su alegría:
tú dormías cuando todo estaba en vela.

Tierra nuestra, vida nuestra, tiempo nuestro...
(Alma mía, ¡quién te dijo que durmieras!)

De "Agenda" 1991
JOSÉ HIERRO







Porque por mucho que nos duela hay que despertar;

dejar de esperar lo que ya perdimos; da igual el por qué y el cómo

dejar de perder lo que aún tenemos; abrir los ojos, -y algún día, de nuevo el alma-,

y andar.


lunes, 14 de marzo de 2011

El nombre que no se pronuncia

Un nombre para la sensación de caminar cansados, llenos de energía.
Un nombre para notar el frío en pleno mes de julio.
Un nombre para sentir un corazón dolorido en perfecto estado de salud.
Un nombre para un llanto sobre una obra maestra;
y un llanto inmensamente desolador sobre una gran alegría.
Un nombre para vivir intensamente el vacío rodeados de cosas maravillosas.
Un nombre para caminar sin mirar, para entender lo imposible, no pudiendo negarlo.
Un nombre para luchar ante la ira, ante la derrota, ante el engaño.
Un nombre para limpiar la basura que quedó en tu casa y no percibir lo limpio.
Un nombre ante la parálisis causada por una enfermedad jamás identificada...

Esperando en la fila de la izquierda

Cuando las colas forman parte de un cuarto de tu vida o quizás más tienes tiempo para analizar ciertos asuntos aunque sea por trozos. Media hora en la cola del banco, media hora en correos, media hora en el médico, media hora en reprografía, media hora en el probador, media hora en la ventanilla única; a lo largo de muchas medias horas se han configurado gran parte de las resoluciones más importantes de nuestras semanas y de nuestra pequeña historia sin que nos dieramos cuenta: El cómo, dónde y a qué hora prepararé la comida familiar del domingo, el qué y de qué forma llegar a tiempo al regalo para Manuela; el dónde y a quién más invitar para la celebración del niño; el cómo entregar un trabajo en sólo medio día; el qué vestido me pongo para este evento y qué narices digo para el discurso; el cómo llegar a tiempo a esa boda que tienes en León teniendo que currar y estando en la otra punta de España; el cómo ver a tus amigos para unas cañas, ir al videoculub y a la biblioteca en solo dos horas teniendo que prepararte la cena también al mismo tiempo; el cómo decirle al señor del segundo que no te ponga a Carlos Cano al máximo volumen un martes a las nueve de la mañana; o simplemente, cómo decirles a las personas que tenemos cerca que nos han molestado; que las echamos de menos sin ser frívolos o aburridos.
Así es como gran parte de nuestras dudas se resuelven, como nos atendemos y escuchamos como únicos interlocutores mientras nos cagamos en la madre de los trabajadores del INEM cuando se dedican a charlar entre ellos para retrasar darle al botón del siguiente turno; cuando entre cigarro y cigarro mataríamos al tío del autobús que los días de lluvia en lugar de llegar temprano llega más tarde todavía; o cuando querríamos sin duda retirar a las personas pelmas que les da por realizar devoluciones en la caja del Día cuando está comenzando a llover a cántaros en la calle y no llevas ningún paraguas.
Esperando en la fila de la izquierda me he dado cuenta que pocas veces pensamos en nosotros sino es porque algo más fuerte que nuestras prisas nos detiene, -tiempo forzoso de bucear en lo nuestro-, porque nos interrumpe y nos hace pararnos sin decidirlo y además nos cabrea, nos deja solos con lo que acallamos y ahí no hay escapatoria. Seguro que hay mil cosas capaces de distraernos, y gente con la que charlar mientras tanto del tiempo o de las banalidades que nos rodean, pero cuando estas circunstancias no se dan, tenemos el serio problema de escuchar todo aquello que sentimos y que raras veces escuchamos.

Le ballon rouge, 1956

Una de las mejores películas que he visto en mi vida, sencilla, sin apenas palabras, un ejemplo de ternura y de saber hacer buen cine: narrando sólo con imágenes y detalles...todos los niños mayores deberían verla...





domingo, 13 de marzo de 2011

El vuelo del globo rojo


Esta película no está destinada a aquellos que no les guste el cine de imágenes y de símbolos, también lento, que no les guste observar el caos desde la sencillez de lo cotidiano, de la dificultad de enteder con pinceladas lo complicado de ciertas relaciones y la lucha por lo que en el fondo no deja de ser preciado ante la amenaza, cada vez más bestia, de la falta de tiempo.


jueves, 10 de marzo de 2011

Pablo García Baena

Algunos tenemos la suerte de vivir bajo el mismo techo que este gran premio Príncipe de Asturias de las letras:


Palacio del cinematógrafo
PABLO GARCÍA BAENA

Impares. Fila 13. Butaca 3. Te espero como siempre.
Tú sabes que estoy aquí. Te espero.
A través de un oscuro bosque de ilusionismo
llegarás, si traído por el haz nigromántico
o por el sueño triste de mis ojos
donde alientas, oh lámpara temblorosa en el cuévano
profundo de la noche, amor, amor ya mío.
Llegarás entre el grito del sioux y las hachas
antes de que la rubia heroína sea raptada:
date prisa, tú puedes impedirlo. O quizás
en el mismo momento en que el puñal levanta
las joyas de la ira y la sangre grasienta
de los asesinos resbala gorda y tibia,
como cárdena larva aún dudosa
entre sopor y vida, gotando
por el rojo peluche de las localidades.
Ven ahora. Un lago clausurado de altos
árboles verdes, altos ministriles, que pulsa
la capilla sagrada de los vientos
nos llama; o el ciclamen vivo de las praderas
por donde el loco corazón galopa
oyendo al histrión que declama las viejas
palabras, sin creerlas, del amor y los celos:
«Pagamos un precio muy elevado por aquella felicidad»;
o bien: «Ahora soy yo quien necesita luz».
y más tarde: «Tuve miedo de ir demasiado lejos»,
en tanto que el malvís, entre los azafranes
del tecnicolor, vuela como una gema alada.
Ah, llega pronto junto a mí y vence
cuando la espada abate damascenas lorigas
y el gentil faraute con su larga trompeta
pasea la palestra de draperías pesadas
junto al escaño gótico de Sir Walter Scott.
Vence con tu áureo nombre, oh Rey Midas;
conviérteme en monedas de oro para pagar tus besos,
en el vino de oro que quema entre tus labios,
en los guantes de oro con los cuales tonsuras
el capuz abacial de rojos tulipanes.
Vendrás. Alguna vez estarás a mi lado
en la tenue penumbra de la noche ya eterna.
Sentado en la caliza de astral anfiteatro
te esperaré. Tal ciego que recobra la luz,
me buscarás. Tus hijos estarán en su palco
de congelado yeso, divertidos, mirando
increíbles proezas de cowboys celestiales,
y yo, ya sabes dónde: impares, fila 13.

miércoles, 9 de marzo de 2011

Scalextrics


Construir scalextrics es fácil. Simplemente, hay que superponer lo retorcidamente nebuloso a lo sencillo, la curva insegura a la velocidad de una recta, la rampa al puente levadizo y juntar la potencia con los mandos de un inconsciente y despreocupado mando o al volante. De ese modo, se entiende que el juego de un niño no tendrá fin. Por suerte, no son los únicos que los montan en su propia casa...



Entendamos pues que la luz puede ser amarilla, blanca, azul o naranja pero nunca turbia o atronadora. Entendamos pues que la lluvia puede ser débil o en forma de granizo pero nunca punzante o destructora, -sólo en palabras de soñadores o ilusos-. Entendamos pues, que las manos pueden ser pequeñas o grandes pero nunca nos harán volar. Entendamos finalmente, que los pies pueden ser planos o con corvatura estándar pero nunca serán capaces de hacernos respirar por muy lejos que andemos para alcanzar oxígeno, pues eso, sólamente atañe a nuestros pulmones y sobre todo, a nuestro corazón...

lunes, 7 de marzo de 2011

Arañazo

Cuando dos gatos se acercan a la misma fuente a beber es probable que al principio se enfrenten e incluso se arañen, pero es aún más probable que con el tiempo acaben siendo grandes amigos.

Soho

" Existe algo en la estúpida mente humana que responde hermosamente a la idea de lo insólito, especialmente a lo insólito de condiciones capaces de producir un fenómeno dado. Cuanto menos posibilidades existen de que suceda una cosa, más maravillosa resulta cuando se produce, por inútil o incluso dañina que pueda ser. (...) No era justo que sucediera y, sin embargo, sucedió; uno no puede menos de admirar ciegamente la cadena de circusntancias que permitieron que se produjera lo imposible. "
Paul Bowles. Fragmento de Déjala que caiga.


De repente un día no quieres verlo pero está ahí, al otro lado de la puerta, argumentando que Hawks fue un revolucionario. Te observa, te habla, te invita a cenar y apenas te atreves a mirarlo, te asusta; como también te asusta su capacidad para descubrir lo que piensas. Cocina bien y le gusta, no le importa que no pueda hablar contigo de ello. Empiezas a escuchar a unas sensaciones desaparecidas en tu aún más cuerpo extraño; un hilo invisible comienza a unir lo que sientes con lo que dices y no te gusta nada, ni siquiera hacerte a la idea. El sonríe y te desconcierta, sabes que espera...peor aún, quiere hacerlo... le dejas ese libro que te dice no ha leido; sabes de sobra que si lo ha hecho, puede que más de dos y tres veces; tuvo que hacerlo antes de encontrarte. Le encanta la sesión viernes-película post-cena, no entiendes cómo todas y cada una de tus elecciones, por penosas que sean, siempre le parecen bien...o si, tal vez si le entiendes...y eso es suficiente para encender un cigarro y poner excusas para evitar la tercera cerveza. Lo dejas en la calle y caminas, mañana te llamará. No querras quedar con él pero lo harás. No querrás reirte pero lo harás y lo harás porque en el fondo, reconoces que el hilo no es caprichoso, que es de seda y además elástico.


domingo, 6 de marzo de 2011

Seguro de vida

¿Tienes cinco minutos, joven?
Ummmm, si, pero no mucho más... tengo que coger el autobús...
¿Me das un cigarro?, te lo cambio por un caramelo.
No es necesario, tome.
Si, coge uno, están ricos...
De acuerdo, cogeré el de menta.
¿A qué te dedicas?
Vendo seguros, señor.
¿Seguros?
Si, seguros de vida.
¿Y qué tal es eso de vender incertidumbre?
Es como todo, se trata de vender. No tanto si es bueno o malo lo que vendes.
Exacto!!
...Disculpe, he de dejarlo, me gustaría seguir hablando pero...se me hace tarde. Gracias por el caramelo!
Gracias por el cigarro!!... (asegurarse la muerte es casi siempre más rápido y más barato).

Te diré el secreto de la vida



El secreto de la vida es intercalar
entre palmera y palmera un hijo pródigo
y a la derecha del viento y a la izquierda del loco
conseguir que se filtre una corona real
Levántate cada día a hora distinta
y entre hora y hora
compóntelas para incrustar un ángel

Nada hay como un suspiro intercalado
y entre suspiro y suspiro
la melodía ininterrumpida

Déjame que te cante
la grieta azul y el intervalo.
Te diré el secreto de la vida. Gerardo Diego.

martes, 1 de marzo de 2011

Be my obscenity

No estoy dispuesto, no estoy dispuesto, no estoy dispuesto. La frase, siempre la misma. Frecuencia, dos veces por minuto, ¿Hablar?, apenas conmigo... pero en la traición del cuarto de baño, justo antes de rodearse de fantasmas bajo las sábanas, surge el vómito contra la toalla malva. Estúpido, la presión de tapar algo, incluso palabras, explota contra las sienes dejando un apabullante color rojizo y un extraño tufo de pólvora. No estoy dispuesto, no estoy dispuesto, no estaré jamás dispuesto, no sabré estar por tí dispuesto...Chorus turbio, nana de costumbre retorcida, característica de un bebé malnutrido. ¿Respuesta? Ni de coña... ritual imposible, descodificar la luz al final del pasillo y las sílabas de un extraño sentimiento desparramadas en el water. No estoy dispuesto, no estoy dispuesto, no estoy puesto, simplemente no estoy...¿adiós? San Valentín es capaz incluso de regalar obscenidades.