lunes, 21 de marzo de 2011

Alma dormida


Me tendí sobre la hierba entre los troncos
que hoja a hoja desnudaban su belleza.
Dejé el alma que soñase:
volvería a despertar en primavera.

Nuevamente nace el mundo, nuevamente
naces, alma (estabas muerta).
Yo no sé lo que ha pasado en este tiempo:
tú dormías, esperando ser eterna.

Y por mucho que te cante la alta música
de las nubes, y por mucho que te quieran
explicar las criaturas por qué evocan
aquel tiempo negro y frío, aunque pretendas

hacer tuya tanta vida derramada
(era vida, y tú dormías), ya no llegas
a alcanzar la plenitud de su alegría:
tú dormías cuando todo estaba en vela.

Tierra nuestra, vida nuestra, tiempo nuestro...
(Alma mía, ¡quién te dijo que durmieras!)

De "Agenda" 1991
JOSÉ HIERRO







Porque por mucho que nos duela hay que despertar;

dejar de esperar lo que ya perdimos; da igual el por qué y el cómo

dejar de perder lo que aún tenemos; abrir los ojos, -y algún día, de nuevo el alma-,

y andar.


2 comentarios:

  1. Pedro Salinas
    LA VOZ A TI DEBIDA
    [...de 2389 a 2409]

    ¡Qué cuerpos leves, sutiles,
    hay, sin color,
    tan vagos como las sombras,
    que no se pueden besar
    si no es poniendo los labios
    en el aire, contra algo
    que pasa y que se parece!
    ¡Y qué sombras tan morenas
    hay, tan duras
    que su oscuro mármol frío
    jamás se nos rendirá
    de pasión entre los brazos!
    ¡Y qué trajín, ir, venir,
    con el amor en volandas,
    de los cuerpos a las sombras,
    de lo imposible a los labios,
    sin parar, sin saber nunca
    si es alma de carne o sombra
    de cuerpo lo que besamos,
    si es algo! ¡Temblando
    de dar cariño a la nada!

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