martes, 29 de marzo de 2011

Sonrisa, ventana

Cuando se abre la ventana, hay un viejo dicho que especifíca que los olores que pueden llegar a entrar en tu habitación logran sorprendentemente cambiar las cosas, el universo de tus cosas. Los olores no se palpan, impregnan, sirven demasiado poco y demasiado mucho. Demasiado poco para permanecer ajenos y demasiado mucho para activar de nuevo tu pituitaria y algo que pocas veces se nombra, algo que por fin, y a tenor de los errores, tiene más peso que el mismo sol y casi más fuerza que un terremoto, situados en el origen. Por eso mismo no vale la pena asfixiarse y es necesario cada día abrir las de un lado y las de otro...



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