viernes, 29 de abril de 2011

Cruces




Ha amanecido el día con noche y la risa tiene un regusto salado en las mejillas. No importa que el sol haya tomado vacaciones, cuando vuelva tendrá que saldar cuentas.








Deflexión

Estaba sentada en la playa. Escribiendo ciertos números y haciendo marcas con un pequeño palo de las palmeras de los alrededores. Me senté junto a ella sin decir nada. Y con los dedos empecé a dibujar también pequeños círculos, queriendo en el fondo incluir unos dentro de otros. No podía hablar ella y yo no había aprendido aún, así que nos quedamos en silencio durante horas con la única música del motor de los coches que pasaban cerca de vez en cuando, de las olas, del viento y de las manos en la arena. Cuando por fin rompió el silencio, lo hizo gritando mi nombre. Juntó dos fotografías en la mano; habían pasado sólamente dos años entre ellas -puede que dos más-y nada era igual, yo no era igual y ella estaba agotada. Me explicó una extraña teoría sobre la rabia y me golpeó fuerte en el muslo. Yo no podía creerlo, pero buscaba enfadarme. Buscaba provocar en mi la reacción que había estado muerta mucho tiempo, la reacción de querer utilizar aquel instrumento que me había escondido probablemente entre las rocas.




Lo cierto es que desde que llegué no la había mirado fijamente, apenas había hecho lo que tenía que hacer: sentarme y esperar a que hablara, o que hiciera algo pero, tuve que mirarla después del grito. Me quedé contemplando sus facciones, - extrañada y absorta por el estruendo de mi nombre en el vacío- contemplando sus manos pequeñas y sus pies aún más pequeños. Observé con detalle sus labios finos y sus ojos verdes, su piel seca y su cuerpo hinchado. Escuché sin remedio su silencio y vi en ella algo que hasta entonces no había sido capaz de ver. Intenté cogerle la mano pues no se me dan bien los abrazos; hacerla ir hasta el coche para alimentarla y que descansase bien; llevaba en la playa muchas semanas; no hizo caso. Me arañó con fuerza las manos con sus uñas sucias y rotas y me pidió que no hiciera planes en toda la tarde, que no contase con la gente, que no contase con nada ese día. Asumí que quería que la mirase, que analizase en qué punto nos habíamos quedado para necesitar un reencuentro de aquellas características. Yo tenía miedo y ella tenía dolor. No era capaz de mantenerle la mirada, asique hacía fotos mentales de las gaviotas que nos rodeaban.




- A veces, tenemos miedo de fracasar y por ello fracasamos. Tenemos miedo de amar y por ello no amamos. Tenemos miedo de luchar por las ilusiones y por eso nos hastiamos. - De este modo, me dijo, somos miedo y no salimos de él. Sólo cuando no huimos somos capaces de matarlo y para no huir, hay que tener un buen plan dentro de nosotros, con nosotros.




Sabía lo que quería decir, perfectamente. También sabía que ella lo decía porque me conocía perfectamente. Sabía además ella que en pocas cosas como esa no podría llevarle yo la contraria. Asique me tumbé con la chaqueta por encima en el montón de arena y cerré los ojos mientras ella me guardaba las fotografías en el bolsillo. Desconecté durante unos minutos en los que mi garganta era un nudo. Ella seguía dibujando un mapa extraño junto a mis pies y hablándome de las posibilidades reales de salir juntas de aquel lugar antes de que cayera la noche.




-A lo largo de estos años has abandonado muchas cosas. Me has abandonado a mi la primera, algo lógico si tenemos en cuenta el tiempo que no querías desperdiciar. Pero ese tiempo, no era un tiempo de cultivo, sino un tiempo de huida. Mostraste lo que podías dar, lo que sabes dar, lo que eres y después lo escondiste, lo escondes porque tienes miedo; lo escondes en cada proyecto, en cada abandono que iniciaste, o que inicias midiendo las fuerzas en el otro; incluso en aquellos de los que no eras consciente y aún no eres; no siempre los abandonos te pillaron por sorpresa...de sobra sabes que algunos, los provocaste tú...y ahora, caminas con la rutina como si nada. Como si la nada fuera el todo. Como si la nada fuera suficiente. -Lo dijo con tanta dureza que mis manos empezaron a sudar. Lo dijo firme, con los ojos rojos, con las mejillas quemadas, con la lengua seca, con el dolor de una migraña que no cesa. - Sabes que no sólo hay un camino. Que además eres de las que conoces varios. Sabes que puedes cambiar muchas cosas y sabes que no te da la gana porque te asusta todo lo que no veas reflejado en otros-. Sentenció la frase con arrogancia pero sin desprecio.




Bebí agua con los pies en cruz y dormidos ya de la postura. Bebí agua como el que no quiere soltar una explosión de su cuerpo, de sus emociones, como el que quiere tragarse el mundo o tragarse la mierda que abunda al remover los recuerdos para que no existan más, sólo que yo sabía que eso no era posible. Asique la empujé, la abofeteé y cuando me dí cuenta le había roto la nariz pero ella me miraba igual. Me miraba con la misma mirada de rabia y de decepción que al principio. Me miraba con la misma cara de un amor mal entendido, por mi parte, claro. No dejó de quererme ni siquiera entonces cuando la sangre corría a borbotones en su camiseta blanca. Por una vez, ella era la víctima y no yo.




Con la sangre me quedé inmóvil, esperando marearme en cualquier momento. Ella se taponó la nariz, me pidió pañuelos y se levantó. Danzó un rato con sus pequeñas puntas en la orilla de la playa con las manos en la cara, caminó de cara al atardecer hasta la punta de la cala. Lloraba y avanzaba mientras la sangre se iba secando en sus manos, en su cara y en su ropa. Creció de repente, creció y era feliz, incluso con la nariz torcida. Volvió a mi lado y yo la abracé. Sabía entonces, que no buscaría el instrumento entre las rocas, lo había tenido siempre, ahí. Entonces, temblando y sin saber muy bien cómo había hecho el camino para llegar ahí y menos todavía como sería el camino de vuelta, la cogí, la cure en el coche y entendí que no podíamos pasar más tiempo huyendo la una de la otra. No había manera de continuar así. Me puse al volante, respiré hondo como el que sabe que no hay más huevos que salir de ahí lo antes posible y le prometí que durante el camino sólo pondría su música favorita...







jueves, 28 de abril de 2011

Brazos en cruz

Se sentó junto a él para explicarle las retenciones de la seguridad social, explicarle las facturas pendientes y las últimas llamadas relacionadas con la hipoteca. Apenas se miraban. Él le enseñó el último pago de los seguros del coche y de la casa. Cómo el que no sabe usar las manos, entrecruzaron un abrazo moribundo. Después sorbieron las últimas gotas del café, recogieron las migajas y ella arrancó sus ropas del armario que ya no le pertenecía...




Times are changing



Es exactamente lo que me decía. Un momento para no cerrar los ojos. Un momento para esperar el pistoletazo de salida. No recodaba muy bien dónde había puesto las llaves del coche, ni el chubasquero, tal vez no tenía ni una cosa, ni la otra. Pero hablaba muy bien español y eso le hacía feliz, sobre todo para ir al médico. No recuerdo como lo conocí o si me presenté yo, pero desde el principio tuvo claro que podría explicarme tranquilamente el funcionamiento del sol y con ello como correr mentalmente una vez oído el ruido del primer y último disparo.



Y si en lugar del granizo, de la tormenta y el estruendo, sintiésemos sólo las ligeras gotas en la frente, en el cuerpo, si sólamente sintiésemos que no duele, pero limpia.

martes, 26 de abril de 2011

A foot over


Ciertos pies lloran, algunas lágrimas no mojan.
Ciertos pies caminan, otros esperan los pasos que no habrán de llegar.
Dicen que son castigos...dicen que no son nada...

Vistas



Definir niebla, ceguera o verdad es algo imposible a los ojos; todo se mueve y se difumina y queda el sonido y a veces el silencio.

Sin embargo, hay que saber que en el cemento de cada calle, de cada curva, hay marcas que perdurarán para siempre aun no siendo importantes... pues, no existen materiales que derriben aquellas escrituras que sin decir nada nos han dicho demasiado.

lunes, 25 de abril de 2011

Turista



Se despidió y yo ya lo sabía. Siempre habrá una razón por la cual nunca dejará de ser turista. No tendría la posibilidad de residir, dentro, jamás.








Enganche



Enganchados en pocos minutos, la fuerza sólo habrá de ir en la misma dirección, de lo contrario, se corre el riesgo de acabar abandonados a la deriva, tal vez libres...

Turn round

Dijo un día que no sabía exáctamente de qué personas se había despedido en su vida ...todas en distinas estaciones y horarios pero, si sabía de aquellas de las que jamás podría hacerlo. Así, después del café de las 10, regresaba cada sábado a darles un último beso.

jueves, 21 de abril de 2011

Un insecto disfrazado de poeta, disfrazado de excéntrico millonario

Decía ser un insecto o un halcón convertido en un excéntrico millonario que construía redes y vendía comunicaciones de transeuntes espaciales perdidos en los veinte. Le gustaba volar y espiar desde las alturas del humo de los habanos con cierto regusto a Cardhu. Amanecía cada día rodeado de moléculas respondonas y con el sentimiento de no ser más que el mayor fraude reconocido por inútiles como el mayor genio. Según él mismo: "uno de esos tipos felices que se conforman con no ver movimientos en el Stock 50". Decía ser un insecto porque sabía perfectamente cúal era su función real en la cadena alimentaria, tal como el mosquito, -que el mismo explicaba en alguno de los cursos de FPI O FPO -y era a su vez un halcón porque conocía de sobra los giros complicados de cualquier tipo de depósito con cierta rentabilidad garantizada por los que había que apostar para una noche de sexo duro asegurado. Me explicó a escondidas, mientras yo lo insultaba con todos mis pulmones en el baño, que él era en realidad un poeta en esencia que ahora se dedicaba a estrangular empresas de telecomunicaciones -o sindicatos- para alcanzar, minimizando los riesgos, la verdadera gozada de una jubilación como escritor tocapelotas. También añadió que era un pinguino, un verde corrupto y un amante agazapado pero, poco importa...sólo se trata de comprar acciones en bolsa y escribir sobre la verdadera poesía de tomar el pelo siendo animal y veterano y por qué no decirlo: un grandísimo hijo de puta.

domingo, 17 de abril de 2011

Perdón, no

No quiero perdonarte: meses vagabundos, lágrimas de acetato sobre muros escondidos, lunas para morir. No quiero perdonarte: calles mustias sin retrovisor, fracaso ciego; tristeza alimentada de rencor. No quiero perdonarte: insomnio, rabia, espejo sucio del baño. ausencia de ganas, explosión de maldad. No quiero perdonarte: abrazos olvidados, palabras inútiles verdad arrepentida, infarto en un cuerpo diminuto. No quiero perdonarte: cobardía de mal romeo vómitos de crudeza y apatía al despertar vana esperanza de amor. No quiero perdonarte... No quiero perdonarte. No quiero, perdonarte.

Más allá del olvido

alguna vez de un costado de la luna

verás caer los besos que brillan en mí

las sombras sonreirán altivas

luciendo el secreto que gime vagando

vendrán las hojas impávidas que

algún día fueron lo que mis ojos

vendrán las mustias fragancias que

innatas descendieron del alado son

vendrán las rojas alegrías que

burbujean intensas en el sol que

redondea las armonías equidistantes en

el humo danzante de la pipa de mi amor

ALEJANDRA PIZARNIK



Como cualquier cuento tiene su moraleja la noche con luna cerrada:


Cuento para niños, reforzado de recuerdos.

Cuento para adultos jugando a ser niños.

Disfraces de palabras ante un carnaval furioso y asesino.

Vivir imaginando que hay hechos que nunca existieron;

soñar que ya no se abrazan ciertos sueños en la almohada

-y que además da igual-.

Crear sin pensar en lo creado, sin ganas de crear;

borrar, sin borrador, olores, gestos, objetos, canciones, fotos, años...

Pagar la cuenta dos y tres veces a la misma mentira

y entender que nunca serán suficiente las palabras

-reales o inventadas-, ni el tiempo, ni las ideas, ni nada.

No hay excusas para cierto tipo de incoherencias.


Moraleja: no siempre queremos perdonar.


viernes, 15 de abril de 2011

Hay que secarse y ponerse los calcetines. Cambiar la ropa y el aire de la habitación mientras los nuevos días irrumpen. Sentir el peso ligero de los pensamientos que se pueden regalar. Hay que ponerse los calcetines para dejar de resbalar sin dejar de sentir el mundo bajo las ideas. Salir de la ducha cada día con el alma nueva. Hay que secarse y ponerse los calcetines.

Descartes

(...) Todo lo que hasta el presente he tenido como lo más verdadero y seguro lo he aprendido de los sentidos o por los sentidos: ahora bien, a veces he experimentado que esos sentidos eran engañosos, y es prudente no fiarse nunca por completo de quienes nos han engañado una vez. R. Descartes.




Hace una buena noche para descartar. Descartar es algo sencillo si se tiene en cuenta la realidad. Descartar las posibilidades ante una misma oferta, ante propuestas variopintas, descartar las soluciones absurdas ante los problemas, descartar cualquier irrealidad de un comentario o dato, cualquier archivo codificado en el subconsciente que no nos permita mejorar, cualquier sentimiento tullido. No es necesario ser un jugador de fama reconocida para descartar lo que nos sienta mal, lo que produce mareos, lo que no nos entusiasma, lo que sólo nos entristece, lo que no es capaz ni de vernos ni de valorarnos. Descartar con honradez es coherencia. Salud para uno mismo. Confianza en una posibilidad mejor por la que apostar de nuevo. Hace una buena noche para descartar. Me quedo sólo con los ases...



jueves, 14 de abril de 2011

Alles for a dirty man

Me pregunto que es lo que le hace al ser humano mentir sin pestañear, herir sin que se le caiga la cara de vergüenza al manchar lugares y personas sin tener la mínima pizca de sentimiento de culpa o de dolor de cabeza. ¿Qué es lo que permite a un tirano, aún siendo públicas sus patrañas, calumnias y malas ideas, seguir teniendo un alto poder de convocatoria? Quiero pensar que no es el miedo hacia su lengua biperina o a sus insultos. Y lo segundo, ¿Qué es lo que hace a estos seres atacar? ¿Qué es lo que les lleva a destrozar a aquellos que han tenido cerca trabajando para ellos, siendo amantes o compañeros o siendo simplemente maestros en otras cosas, -y no precisamente alentando las malas ideas que se configuran sus diminutas mentes y corazones-? A esto si respondo con todo el peso de mi razón: el miedo a ser lo que son, es decir, absolutamente nada sin el dolor que causan.



miércoles, 13 de abril de 2011

Lo más serio es que podemos esperar el ómnibus cada día, cada hora, cada minuto ¿Cuál de nuestros actos sacará la muerte de la caja de ahorros para dárnoslo? Vale la pena pensarlo! Ese día de mudanza no está en el almanaque.


El día de mudanza.
Hans Christian Andersen.

martes, 12 de abril de 2011

Los puentes que no deberían romperse

Cruzó el puente para esperarla en la otra orilla. Con los años el puente de madera se deterioró hasta romperse el paso de un lado al otro. Viejo, desorientado y abandonado, olvidó la razón por la cual permanecía allí.




lunes, 11 de abril de 2011

Impostura

Vive en un lugar común donde la gente tiene por costumbre lanzarse a los brazos de aquellos que no saben moverlos.




Lenguaje

La razón por la cual permanece mudo es extraña. Hace un tiempo era un mago de las adivinanzas y poemas, experto en haikus articulados en segundos, ganador en cualquier concurso de demagogia culta y orador nato. Sus cuentos estaban llenos de figuras y de efectos sonoros. Su conversación pausada era el árbol donde muchos nos relajábamos. Un día habló sobre los peces y la política, explicó la teoría de la pecera y consiguió convencernos a todos. Entristeció de repente, era fácil sentirse sólo... Ya no volvió a pronunciarse y nadie pudo convencerlo a él de que no lo hiciera.



Mezcal con gazpacho

Los granos de arroz bailando en el cuchillo, las gotas de sopa ensuciando el tenedor; los besos fotografiados con mascarillas; Focos creando la penumbra sobre un escenario de papel albal. La emoción condensada en flores y latas de amor vendidas por e-bay. La alérgia, pareja de hecho de la piel del melocotón; la fiebre reducida con valium y el pasodoble trepidante con cancán. Subir y bajar continuamente en escaleras movidas por energía solar y correr por estaciones con las maletas teledirigidas. Llegar a los hostales de puertas con candados dobles y pagar primero; bucear por las calles volando a pie o en cometa. Así era su dibujo, así era Juán.

domingo, 10 de abril de 2011

La memoria

Sin memoria no somos nadie, no hacemos nada, no podemos vivir. Olvidamos porque nos interesa, porque nos resulta más fácil aparcar ciertos momentos, porque pesan los hechos y las palabras. Recordamos para encontrarnos, para caminar entre siglos y meses y tener presente lo que hemos venido a hacer; para concretar el futuro con las pistas que trazamos o que otros marcaron para nosotros. La memoria, la temporal, la periférica, la real, la inventada, la sentida, la corta. Esa memoria que vuelve, abraza, castiga y preocupa; que enseña y arrastra; que es imprescindible para el cambio. La raíz de la consciencia, la raíz de las raices.


Esa raíz que puede tener nombre de lugar y de montes, de sierras y ramblas, de hombres y mujeres por las que hoy existimos, que levantaron otras raices que hoy nos dan norte y comida y preocupaciones y alegrías. Raíz que grita y golpea cuando no se está cerca, que escuece cuando huimos, que llora cuando no queremos volver. La memoria de tierra con nombre de ciudad y complejo de pueblo. Una memoria que se esconde como los topos, cómo la peste en una tierra que hoy reconozco extraña, -pasiva y adormecida, crítica en los hogares y muda en las administraciones- para encontrarla a borbotones, torpe en fiestas y borracha de intenciones.


Lugar de valientes que grita sin que le escuchen, que puede dar mucho más pero nadie se lo solicita. Lugar fronterizo, marquesado de poder que otrora supiera bien proteger lo suyo. Frontera de agallas que hoy sólo se preservan en su vino, su pera y su queso sin cuestionarse si quiera por qué al mando sólo quedan capitanes cobardes, generales sin formación, ejercitos traidores, trovadores locos junto con la gran pena de los jóvenes emigrados y los sabios enviados al exhilio.


Lo cierto es que sin memoria no somos nadie, no hacemos nada, no podemos vivir. Es inútil intentar avanzar sin la raíz de la consciencia, la raíz de las raices.





jueves, 7 de abril de 2011

Hogar

Con la tarta en la lavadora, los calcetines en el dvd, las flores en el armario, las cartas en el frigorífico, las llamadas en la ventana y las carcajadas en la secadora alquiló un piso íntimo para tres enamorados y un perro.





martes, 5 de abril de 2011

Cruces


Subiendo por la cuesta recordó haber roto una promesa años atrás justo en esa fuente, en ese paso. Observó la portada de la biblioteca, lanzó el cigarrillo al suelo y con la cabeza gacha rompió la última que conservaba.

Cortos en cortas

Le sopló fuertemente a los ojos; lo hizo para que sintiera el escozor de las pequeñas traiciones. Apuntó el teléfono en una servilleta para limpiarse luego la mala...conciencia. Escribió poemas en las paredes para que los muros los defendiesen. Profirió algunas amenazas en forma de verso para que el tiempo las borrase todas. Besó a la luna para que su beso no fuera jamás insultado. Guardó las sonrisas en el garaje junto a la caja de herramientas; los abrazos en el botiquín y en el trastero la inocencia. Hoy ha desempolvado el disfraz porque el mundo no deja de ser un baile de máscaras, con música y carcajadas pero un baile...

lunes, 4 de abril de 2011

Día 3

Me parece grandioso el balcón. Desde el comienzo de mis días en la residencia, he visto pasar en el edificio de enfrente, un gran número de extraños personajes con o sin camiseta, con o sin ropa interior pero todos ellos con las caras pintadas. Al principio, me parecía gracioso el carnaval de piernas largas y cortas, de pelos lacios y rizados y de camisones rotos y de la ausencia de ellos. Al pasar unas semanas, la cosa se volvió ciertamente incómoda pues no entendía muy bien que tipo de relaciones llegaban a establecer los sonrientes inquilinos justo dónde la vecindad podía ser testigo de todo. Ahora que los meses me desbordan y las bolsas de comida se agolpan en el patio de luces que compartimos, sólo alcanzo a entender que de algún modo, buscan sin descanso un papel principal en su obra y por ello, se esfuerzan claramente en mejorar la espectacularidad del "teatro".



Día 2

Alguien le dijo que se parecía a su bisabuelo y no encontró nunca fotos del viejo en casa. Un día le preguntó a su padre cómo fue aquel desconocido republicano y éste le contestó: -risueño, culto, tocaba la guitarra y enseñaba a la gente a leer -. -¿por qué fue a la cárcel padre?-. -por ser risueño, culto, tocar la guitarra y enseñar a la gente a leer... - y ¿sobrevivió a la cárcel? - si, lo hizo, algunos meses..., el tiempo que la turbeculosis le permitió.

Día 1

Sólo podía regalar deshechos y le pregunté por qué, su respuesta fue la siguiente: -la única explicación para un corazón lleno de basura es una mente transformada en vertedero-.



domingo, 3 de abril de 2011

Pachelbel's Canon



Soñó de nuevo desde su asiento, observando con duelo y rabia los fouettes y las variaciones de la reina. Con cada adagio, sin perder la elegancia en su cuello, con cáda lágrima, estrujando los apoyabrazos en en los allegros, recordó los momentos escondidos, atrapados entre puntas y risas; los debouls tours en chaine de superación semanales y los cambrés de altas expectativas como el pintor que se enfrenta a la obra de su vida tras carecer ya de mano derecha. No obstante, en el momento de la lucha y del cortejo, la figura sobre el escenario es la misma: el movimiento imposible disfrazado del más asombroso equilibrio iluminado por una luz inexplicable, probablemente azul. El paso elegante y contenido, los brazos luchando contra el tronco irreflexivo y las lágrimas de los músculos condensadas en las uñas de los pies. Lo sabe..., cuando acabe la obra será la última en abandonar la sala pues en secreto, existe un corazón asfixiado, sobre ruedas, dentro de un espíritu sin alas.





León








Aún a tiempo está la portada de gruñir, reir y abofetear la cara del ingenuo caminante paseando su cola altiva ante el guiño del tiempo pues, nunca tantas arrugas sentaron también, ni acallaron de forma tan súbita el insulto a la piedra y a la mano del ser castellano.