miércoles, 13 de abril de 2011

Lo más serio es que podemos esperar el ómnibus cada día, cada hora, cada minuto ¿Cuál de nuestros actos sacará la muerte de la caja de ahorros para dárnoslo? Vale la pena pensarlo! Ese día de mudanza no está en el almanaque.


El día de mudanza.
Hans Christian Andersen.

1 comentario:

  1. Joder con la muerte y sus alas blancas, esas que ciegan los sueños y se extienden también por las palabras, alguna vez; y todas las veces sobre la exacta localización del tesoro de una vida, apenas se empieza a revelar; y sobre la única posibilidad de consumar un amor, ésta vez eternamente; sobre los certeros secretos de la felicidad... Joder con ésa tácita sonrisa que esbozaríamos ante la oportunidad de mostrarnos valerosos, audaces, capaces de una gesta, heroicos, a la que renunciamos frente a la muerte. Y joder con las horas homicidas.
    Joder con Kierkegaard. Joder con Sartre y Proudhon. Joder con Henry Miller. Y ahora con Andersen también, Hans Christian...
    Acta est fabula, joder, (y menos mal) acertó a decir aquél emperador en su penúltimo lecho. Por lo menos era él el que moría, presuntamente.

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