lunes, 23 de mayo de 2011

La vela apagada

"The whirr of flapping leathern bands and hum of dynamos from the powerhouse urged Stephen to be on. Beingless beings. Stop! Throb always without you and the throb always within. Your heart you sing of. I between them. Where? Between two roaring worlds where they swirl, I. Shatter them, one and both. But stun myself too in the blow. Shatter me you who can. Bawd and butcher, were the words. I say! Not yet awhile. A look around.

Yes, quite true. Very large and wonderful and keeps famous time. You say right, sir. A Monday morning, 'twas so, indeed." . Ulysses. Joyce.


Hubiera jurado que lo conocía. Probablemente lo encontré una y más veces en la calle de la floristeria, girando la esquina y llevando consigo un par de croissants recién hechos del domingo por la mañana. Hubiera dicho que reconocía su acento y tal vez su camiseta verde, pero no dije nada. En lugar de eso, saludamos a un par de antiguos profesores de la época negra mientras la escena, la representación ocurría apenas a unos metros de mí, apenas a unos meses de distancia y yo era una forastera y espía en aquella plaza en cuesta. Allí entre riadas, tormentas y celebraciones de fiesta se construían hipotéticas soluciones para entender por qué el robo entre la misera puede estar justificado. Y yo desarrollaba en la letanía un único concepto de miseria oculta. Habían una y dos velas en las mesa que sorprendentemente, duraron las mismas horas que las quejas de dos mil euristas acomodados sin vocación alguna por la enseñanza. Imaginé como sería sorprender en aquel viaje del tiempo y la distancia y asentía sin enterarme cumpliendo la máxima de la muda y sueca sin remordimientos perfectamente sincronizada. Todo estaba perfecto sin estarlo y también las macetas de geranios rojos y rosas en aquellos maceteros añiles y blancos. Las velas elegántemente altivas siguieron toda la conversación sin saltarse una palabra y a mi con la mirada perdida en una escena robada, aquella espía que sonreía mientras liaba los cigarrillos en la mesa redonda de acero a tan solo unos metros de su pasado.

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