sábado, 14 de mayo de 2011

L'Hôpital Quatre

Abrió los ojos y no sabía a qué correspondían las líneas y bultos que le rodeaban. Se sorprendió por la cantidad de ruidos extraños que daban vueltas a su alrededor: muelles, soplidos y melodías que le producían ciertas ganas de sonreir. Estaba boca arriba analizando el trozo de tela blanca que alguien le había puesto, intentaba moverse con agilidad pero algo en el aire era diferente, no podía avanzar. Unos extraños bultos se acercaban al cristal como lobos y no podía moverse, ni siquiera sabía cómo hacerlo allí, en ese punto de ninguna parte en el que sus sentidos no le obedecían y se sentía pesado, sin equilibrio. Tenía sangre alrededor pero no recordaba por qué, ni por qué tenía las uñas tan largas. Casi todos los días por la noche, cuando la mayoría de los ruidos cesaban se sentía protegido por una extraña bata blanca de manos largas y huesudas, quizás había llegado a alcanzar su destino, el mismo que desde una orbita lejana alguien le había prometido por conservar una de las almas más sabias y viejas consigo.


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