sábado, 14 de mayo de 2011

L'Hôpital Trois

Se mira al espejo del baño lleno de tubos, toallas y zafas. Se mira a los ojos, rojos. Se mira las manos, cansada. Se acerca al portatil cada mañana a la misma hora, no hay variaciones entre lo que hace y lo que le gustaría hacer. Antes de la visita del médico diaria, lo guarda en el cajón amarillento de la mesa número 1. Hoy recibió un email inesperado, tan absurdo como la risa nerviosa, no tiene saldo sufiente para contestar en su tarjeta para navegar, tampoco tiene interés. Existen determinadas personas que sólo juegan con los demás a una preocupación condescendiente ante los casos menos acertados. Es la hora de que las celadoras limpien o hagan cómo que limpian mientras ponen cara de asco o desinteres a los ingresados de las distintas plantas. Es la hora del zumo, yoghurt, café con leche y tostadas? suena mejor de lo que sabe...es la hora de pulsar delete en el ordenador ante un email de falsa preocupación, no de facto. Hace tiempo hubiera expresado ciertas palabras explicando el concepto de amistad, el concepto de recuperar un amigo que nunca jamás podrá serlo ya pero, para qué concederle un arma a un terrorista? Está sóla, no hay hora de visitas hasta las 16. Tiene claro su diagnóstico: también el de las palabras aparecidas en la pantalla. La presencia, con la no presencia, no logrará jamás futura presencia ni mucho menos amistad. Ya entra el jefe de enfermeros con la nueva bolsa de sangre.


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