domingo, 29 de mayo de 2011

Principe

Llega casi siempre de madrugada con los restos de otra saliba en su boca. Agacha la cabeza y hace poco ruido. Se quita la camisa negra y las zapatillas de lona. Siempre será su princesa aunque deje de estar con ella, así lo explica. Al abrir la puerta de su casa siente una culpa camaleónica en sus huesos. Bebe ron y rompe y los vasos de whiskey de sus nuevas conquistas, -no cabe esperar variación más que en los hechos que no se conocen-. Mira con profundidad a través de sus ojos rasgados y algunas sienten pena por su princesa. Admite ser honesto pero no lo es en el sexo, también eso lo admite. Tras acompañar a sus adquisiciones a la puerta de sus respectivas casas, todo un señor, se dedica a compar unos dulces para el desayuno de la bella durmiente.


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