jueves, 30 de junio de 2011

Cadena de montajes

Confiesa secándose el sudor que no hubo nadie aquella noche, que sólo quedaba el ruido de una puerta con bisagras oxidadas, que no escuchó el grito, ni llamó al timbre. Esconde la pluma en su bolsillo izquierdo y admite no escribir desde el 75. No sé porque pero tiene ciertos dotes telepáticos. Cuando su mujer entra por la puerta para darle las pastillas cada media hora reconoce que hubiera querido comprar aquellos jarrones que estaban ahora en casa de su vecino pero que nunca hubiera robado la filigrana de la mesilla a menos que el hambre hubiera hecho mella también en su casa. Me observa de reojo con sus pómulos rojizos y yo observo la artrosis de sus manos bajo mis gafas de sol. Sólo quedan cinco preguntas y serán las 14:10 de la tarde, hora de dejar los escombros tal cual están. Esta tarde será el protagonista de su propia sección.


1 comentario:

  1. La vida como cadena de montaje. El amor como caída y remontaje. O no como caída; sólo vértigo, prodigio.
    Ícaro y Faetón, máscaras de la ignorancia y el orgullo. El amor tiene todos los rostros, incluída la llama que sólo devuelve cenizas, o el rayo que fulmina cuanto besa. Como un fotograma que persiste en ser ése algo más que momentos, para transfigurarse en luz.


    Movimiento (Denise Levertov)

    Hacia no ser el centro
    de gravedad
    de nadie.

    Un deseo de amar:
    no de inclinarse
    hacia otro, y caer,
    sino sentir dentro de uno
    una barra de acero
    flexible, vertical,
    que corra paralela a la columna
    pero más larga,
    que permita estirarse;
    un trampolín solemne, vertical
    que le deje al espíritu
    lanzarse hacia el espacio.

    (traducción de E.Z.)

    Saludos

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