sábado, 18 de junio de 2011

Lo que llaman monstruos son hadas

Por las noches sobre las 2:00 abre la puerta de par en par. Por suerte para ellos no le escuchan porque duermen siempre con tapones en los oídos para evitar el ruido temprano de la casa contigua que se cae a pedazos. Entra con poco cuidado, sin preocuparse por si tira las botellas de la mesa, las toallas del balcón al piso de abajo o si lo que está aplastando son las sandalias que pululan cerca de la cama. No deja regalos, ni acertijos, ni palabras, entra por curiosidad y con el ánimo de llevarse algunas cosas quién sabe para qué. Ellos hacen como que no ven, pero conocen perfectamente la forma de sus brazos, su olor y sus debilidades, por eso, siempre dejan dos libros abiertos de autores jóvenes catalanes, un poco de zumo de naranja y algunos cigarros recién liados. Podría decirse que su función es un tanto extraña porque no regala sueños, ni ilusiones, ni entra para reorganizar las mentes de los vecinos, ni para extirpar el insomnio.Se rie también y se choca con los cables del pasillo. Ni siquiera provoca miedo ni ternura, está y punto. Si que es cierto que cuando tiene mal humor las pesadillas en los inquilinos aumentan pero, son tan absurdas que provocan extrañas reacciones o desencuentros antes de que suene el despertador. Puede que sólo se dedique, estorbando, a hacer compañía.


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