lunes, 29 de agosto de 2011

Bosquejo de un souvenir

Cada cinco segundos una pequeña piedra cae sobre el tejado con vigas del siglo XVI. Ciertas aves han aprendido a hacer entre los huecos un refugio para el ruido y los huevos del milenio que nos recorre. Cada minuto la gota del grifo de principios del siglo XIX expulsa un liquido amarillento que retumba anasincrónicamente en la bañera Roca del siglo XX. El pasillo que conecta el piso 17 A con el 23 B refleja los viernes a las 24 horas los pasos de descanso de fin de semana sobre el brillo enmoquetado de los años 60 de las paredes. La basura del día de ayer espera en los contenedores construidos hace dos años donde hoy mismo, bajando la calle del siglo VII el palacio del XVI se rie de los nativos del signo de aries que visten ropas de los años 30. El padre de los ochenta fotografía las macetas con los calcetines manchados alrededor de las Nike de los 90.  Las manchas en la calle del empedrado del siglo II A.C compiten entre los huecos con los cigarrillos de las tabacaleras de los 50. Algunos perros dejan su marca sobre la cal de los muros decorados con la filigrana del siglo X y buscan en el silbido los orígenes de una manada escondida tras el romero.

domingo, 28 de agosto de 2011

Grutas

 Y aunque por contrato estaban obligados a caminar por la oscuridad, nunca lo hicieron por miedo a encontrarse, a descubrirse.

domingo, 21 de agosto de 2011

Pianista



Fotos: P.J.H
Tocar, con el fin de ser más, no depende de los dedos largos y elegantes, ni del oido idolatrado, ni de los libros que aprendas de memoria y por ellos pierdas el habla. Olvidas siempre, pequeño embustero, la sincronía de los segundos, el apego a la basura o el amor hacia los cristales de aquella obra perfectamente destrozada y que hoy se exhibe por los pubs y por las noches con caché difícilmente alcanzable. La misma obra que algún imbécil dogmático estableció que venía escrita y  no, no sólo tiene un modo de mostrarse porque este es falso e inconsistente, muerto en entrañas y de emociones y oscuro como el llanto de un mal actor en una cama de Paris en una noche de noviembre.

Con los dedos pequeños y congelados también es posible tocar aunque sea un sonido absurdo, horrendo, desafinado y transmitir y hacerlo a propósito y acabar componiendo para una basura aún más artística con clichés, todos ellos juntos y pegaditos desde el disfraz hasta las frases sin olvidar la pose, aquella que imitas en el espejo cuando tu solito te haces las fotos de presentación post-mortem.

La última vez que su santísima excelencia de creador perfecto sugirió la música, más de un tímpano y más de dos quedaron deprimidos de por vida. Por eso no basta con tener las teclas limpias, las partituras preparadas y ser además una buena pieza de coleccionista con sus rarezas post-modernistas y todo; esto puede ser el asco en la máxima esencia. La necesidad de crear no depende de lo que se sabe y se ha puesto siempre en práctica sino más bien de lo que no se nos cree capaces de mezclar, estropear, distorsionar, manipular, escuchar y decir. Si lo revuelves todo con unas notas del veneno que vendes, aplicándolas en pequeñas dosis, quizás algún día consigas unas notas de genialidad, eso si, después de haber inmolado una parte de tu cerebro, la que quede aún limpia y sana.

Ahora si, compositor, raras veces cultivarás aplausos con lo que opinas, crees que has creado y muestras orgullosos en locales perjudicados de visión periférica, el aplauso más falso es el que te cobija, te hace sentir bien porque conoces tus limitaciones, porque en realidad no opinas, porque no tienes opinión y anda muda tu obra y rota en citas de otros y creencias de otros, asique simplemente no compongas, sólo copia que es lo que haces mejor como haces cada día cuando sales de la ducha. Yo inventaré lo que yo quiera con la basura que creas y que creastes y después haré un batido para tragarlo y devolverlo al hueco del suelo de donde nunca debió salir, pero sólo lo haré como favor, por todo aquello que me enseñaste y que nunca podré pagarte porque simplemente no tiene precio...

Con dedos pequeños y congelados se puede tocar y se toca, se toca porque una fuerza hace que se muevan por encima de tus tantas nimiedades e hipocondrias, porque para ello lo importante no es la técnica, el oido, los años de conservatorio o el buen piano sino algo más que cuando te escondes para no sentir, mientras lees libros absurdos con fotos que románticamente insultas en el escusado, sientes que la esencia se deshace porque no puedes tenerla porque es mejor plagiarla o chuparla o disfrazarla en las cualidades de los buenos pianistas. Pero aquellos que tocan porque son capaces, porque pueden por encima de las clasificaciones y de los sentimientos de nimiedad son lo que son, son la fuerza de la capacidad de la que careces. Y más de un gran concierto y más de dos, tragarás en primera fila aplaudiendo el éxito de tu propio fracaso, si es que llegas a darte cuenta, mientras por dentro algo te revienta los labios sin ser precisamente el goce.





Stick and stones

Aunque los golpes y las piedras puedan romper mis huesos y amoratar mi cuerpo,
son las palabras las que pueden destrozarme;
ten cuidado por tanto, con lo que me dices...
Los huesos que se han roto pueden llegar a unirse, los moratones no duran para siempre;
Sin embargo, las palabras cuando ya han sido dichas permanecen,
Y el corazón queda roto desde ese momento y para siempre...


viernes, 19 de agosto de 2011

Manège o debido a


Fotos: P.J.H

Debido a, ya que, y en cambio, a pesar de.
Qué hubiera ocurrido si la mano, el pie,
a un paso, por un pelo,
por casualidad,
¡Ah, estás? ¿Directamente de un momento todavía entreabierto?
¿La red tenía un solo punto, y tú a través de ese punto?
No dejo de asombrarme, de quedarme sin habla.
Escucha
cuán rápido me late tu corazón.
De "Si acaso" 1978 Versión de Abel A. Murcia
Wislawa Szymborska.

Lo dicen sin querer: lo que fue no compartió favores ni fue un regalo comprado para raptar letras, celos, musas o luces, tampoco supo engañar a los ojos, ni siquiera a la memoria. Simplementente, como un cigarro entre los dedos consumido por el viento y no por las bocas, como aquella fruta que cada vez más madura permanece en la despensa; simplemente, por el hecho de estar, conservan entonces las oxidadas partes de un reloj de cuerda con pilas que alguien perdió o rompió sin querer o rompió queriendo con la locura puesta en las entrañas; la muñeca que sin piernas se arrastra, el coche que sin puertas sigue pisando al máximo el acelerador y ninguno abandona jamás su lugar hasta que el cubo de basura o el baúl se adueñe de ellos y dejen de pulular reclamando lo que fueron. Mosquitos y despertadores se agolpan entre tornillos y estructuras girando en una dirección lenta de destino fácil con melodía de sueño, música de terror, música hipnótica, música que no hace falta saber o querer entonar porque sólamente ha de sonar. Fracturas de subir antes, girar antes y mirar después sin querer mirar.



miércoles, 17 de agosto de 2011

Erat Hora

Fotos: P.J.H
(...) Las mariposas emparejadas ya amarillean en el agosto
sobre la hierba del jardín del oeste;
me duelen. Me hago vieja. (...)
Ezra Pound
La mujer del mercader del río: una carta.

Lo esperaba como tantas otras tardes en la misma esquina con nombre de reina, lo esperaba entre periódicos, con las últimas flores para la cocina o con la bolsa de la compra repleta de naranjas para el zumo. Como siempre, él ya habría corrido su media maratón, ella habría entregado algunas traducciones. Nunca dejaba de llover o nunca lo hizo pero con el café del bar más oscuro del barrio nada importaban los pies mojados o no tener guantes al nevar. Con el paso de los años los cabellos largos dieron paso a cabellos más cortos, a la barba y a las canas, el deseo a los domingos y las medicinas cada tres días. La frescura de las cañas de los viernes al té de los sábados.  Puede que las sirenas de policía nunca pasasen a la misma hora pero siempre anochecía temprano y así debía ser. Lo esperaba entre risas y algunas falsas broncas, entre mensajes de textos en dos idiomas. Lo esperaba en mitad de la frontera que nunca existió. Esperaba sus decisiones en el paso de peatones, en los charcos y en el supermercado mientras explicaba extrañas teorías sobre la educación. Lo esperaba entre catedrales, signos de puntuación y metamorfósis incompletas. Dicen que el siempre llegaba tarde porque le encantaba mirar sus ojos de falso enfado y ella, lo esperaba porque él nunca supo, ni sintió, qué era  marcharse.


Si aprendiese alemán

Iba el lenguaje...

He estado acordándome intensamente de ti.
Me puse a traducir a un poeta alemán,
en principio a leerlo, pero tuve
que recurrir al diccionario, y luego
salió algo sorprendente. Creo que te gustaría.
Es un desconocido.
Mi memoria quizá no es la mejor.
Fíjate, qué comienzo:
Iba el lenguaje por sotos y praderas...

Juan Antonio González Iglesias


Fotos: P.J.H

martes, 16 de agosto de 2011

Tambor

Este texto tiene siete años, en el momento que lo redacté apenas si escribía...hace unos años tenía sentido...curiosamente, ahora, después de tantos años tiene el mismo sentido que cuando lo escribí... somos tan cíclicos que a veces duele... Como pequeño homenaje a la persona que lo hizo posible, aquí lo dejo y le pido perdón por si aún no le gusta...o por si nunca llega a gustarle...aunque probablemente ya lo haya olvidado.

Un tambor retumba y suena entre los dedos de un niño que acaricia el precioso regalo de un sentimiento. La ilusión revosa por cada uno de sus poros y se deja suavemente esparcir entre los dedos. Poco a poco, el niño aprende a tocar con más fuerza, cada vez mejor y sintiendo que crece y progresa a la velocidad de su entusiasmo. Los palillos palpitan como si de gotas de lluvia en una fuente se tratase, son fuertes, jovenes y tienen la vitalidad y el amor suficiente para querer estar rozando a su querido tambor... La sangre del niño vibra, piensa, se entusiasma y se emociona...

Un día, inevitable, el niño crece y se llena de tiempos por cubrir, razones que atender y sentimientos que controlar, como la belleza de una gran pintura debe ser resguardada, así es su corazón, sin embargo, el pobre tambor no entiende de seguridad, paciencia y conocimiento; como tampoco entiende de actividad y evolución frente al desgaste de sus compañeros palillos, que le abren las puertas en otro universo mientras se despiden silenciosos.

Los ojos de su dueño que los miraban fijamente, a penas responden dos segundos a la insistente mirada de la piel desgastada y marrón que les reclama. La paciencia, el juego, el cansancio, tal vez, las nuevas ilusiones permiten el paso al siguiente salón de juegos o a la guitarra que diferente muestra un nuevo sonido con el que saciar las nuevas emociones de aquel dueño que cobró años pero, no será lo mismo, los instantes se fracturan de manera maleducada, así como los sentimientos con el mismo corte ensangrentado casi nunca coinciden...la piel de ese amable y enérgico tambor, se entristece y se arruga como la soledad cruza sus brazos alrededor de sus tobillos.

Llegado un determinado momento, los palillos ya sucios por el cansancio se acercan al tambor a consolarlo, pero saben que si se acercan demasiado lo despertarán e iluso, se movera con la inistencia de un vendaval en pos de la vida anterior...y al moverse caería de esa oscura estantería donde se resguarda intentando su felicidad o cayendo al suelo más frio y solitario y probablemente haciéndose pedazos. Más se arriesga y ante la soledad del golpe permanece allí inmovil, inconsciente, mudo, evadido de las críticas que convertían sus melodias en ruidos y distorsión...temblando y resonando por igual, por segundos...

Al despertar, una luz lo ciega y decide no volver a mirar. Una nueva sonrisa de niña lo acurruca entre su cuerpo, lo acaricia con sus dedos y alimenta en él de nuevo el vigor, la ilusión ,las sensaciones, la fragilidad y los horizontes...a su vez, los palillos que le saludan no son los mismos: más jóvenes y valientes se acercan incrédulos al que ha de ser su compañero disfrutando de esa sencillez q sólo el roce permite. Y así, de improviso la niña aprovecha las baquetas hasta la última de sus astillas dando paso a un único redoble con melodía extraña de boda.


viernes, 12 de agosto de 2011

סממית

El señor Paniyou usa traje todos los días como su abuelo le recordaba debía vestir siempre un buen judío. El señor Paniyou es alto, delgado, amarillento de piel transparente y destacan en él unas ojeras moradas que suelen hacer juego con la pulsera de tela que lleva siempre en la mano izquierda. Se sienta en el mismo banco cada domingo con o sin periódico y -épicamente recto, mientras come algunos cacahuetes- escribe algo en un cuaderno de piel. El señor Paniyou camina mucho y apenas ríe, son curiosas las puntas de sus zapatos negros siempre impecables. Sus pasos son prudentes y su mirada elegante, me pregunto si sabe jugar al baseball pues suele observar a los jovencitos que se hacinan en la pista del barrio. El señor Paniyou regentó una pequeña joyería justo en la esquina donde venden ahora los perfumes de chanel. Por la puerta de la tienda pasa todos los días de la semana menos los sábados y todos los días murmulla en un extraño dialecto con expresión de pocos amigos. En más de una ocasión, desde la azotea de mi edificio, he observado las plantas de su ático, la organización de su peculiar terraza, su extraño jardín, -almacén de cactus como jamás se haya visto-. No se si tiene familia pero si sé que nunca visita a nadie. El señor Paniyou compra dos veces por semana, sale a la misma hora y coincidimos en el ascensor a la misma hora cada día durante su vuelta. El señor Paniyou es silencioso y no le gusta que le observen, pronuncia siempre las mismas frases y no tengo muy claro que sepa cuál es mi nombre, -creo que a mis hermanos y a mi nos llama siempre de la misma forma-, una extraña palabra cuyo significado desconocemos סממית

miércoles, 10 de agosto de 2011

Nahigabe

No es de noche para asesinarla,
ni de día para esconderla en el cuarto de atrás,
-en mitad de lo atemporal sin luz ni sombra-,
es el momento de dejarla estar...

Una vez fue tierra, sólo una vez

No ha llegado el momento y aún así la raíz crece

 
Por las esporas sabríamos cualquier cosa, como que a veces canta sin necesidad de entonar o que el sudor de sus noches de verano tiene nombre de algún famoso traficante de hígados. Podríamos saber si ha comido últimamente o si vende su sangre para dejar de pensar. Únicamente abre los ojos cuando la observan, los abre por completo, como gritándo: mírenme, pero mírenme bien porque esto es lo que se entierra! Al lado de la tierra que arrastra, de la tierra en la que se tumba y se refugia, de esa tierra que le acoge más allá de los edificios y de las comunidades de propietarios, sólo cabe un cuerpo que desesperado huye del que fuera su destino.





martes, 9 de agosto de 2011

Rot


Como saber que volverán juntos a escuchar el último latigazo del ruido y de las gotas sin que el futuro amenace con crecer.

Bleu


Dedicado a David Rodríguez:

Entre dulzura y pecaminoso se encuentran escondidas otras tres palabras de una frase que sólo puede estructurarse cerca de las 0 horas cuando el silencio es un regalo y los sueños pueden ser cuentos de hadas y pesadillas y ser hermosos y cansados; cuando las personas han de ser peces nadando contracorriente -en abruptos mares de profundas sílabas con tesoros y doblones en el fondo de la sala- con ciertas sabidurias escondidas para poder ser buenos piratas; como niños que entre aturdidos y encantados chapotean y arrastran arena con sus propias manos ignorando los segundos que quedan para construir la muralla y la torre antes de que la ola los destruya y les haga comenzar de nuevo con la tarea.