lunes, 29 de agosto de 2011

Bosquejo de un souvenir

Cada cinco segundos una pequeña piedra cae sobre el tejado con vigas del siglo XVI. Ciertas aves han aprendido a hacer entre los huecos un refugio para el ruido y los huevos del milenio que nos recorre. Cada minuto la gota del grifo de principios del siglo XIX expulsa un liquido amarillento que retumba anasincrónicamente en la bañera Roca del siglo XX. El pasillo que conecta el piso 17 A con el 23 B refleja los viernes a las 24 horas los pasos de descanso de fin de semana sobre el brillo enmoquetado de los años 60 de las paredes. La basura del día de ayer espera en los contenedores construidos hace dos años donde hoy mismo, bajando la calle del siglo VII el palacio del XVI se rie de los nativos del signo de aries que visten ropas de los años 30. El padre de los ochenta fotografía las macetas con los calcetines manchados alrededor de las Nike de los 90.  Las manchas en la calle del empedrado del siglo II A.C compiten entre los huecos con los cigarrillos de las tabacaleras de los 50. Algunos perros dejan su marca sobre la cal de los muros decorados con la filigrana del siglo X y buscan en el silbido los orígenes de una manada escondida tras el romero.

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