domingo, 21 de agosto de 2011

Pianista



Fotos: P.J.H
Tocar, con el fin de ser más, no depende de los dedos largos y elegantes, ni del oido idolatrado, ni de los libros que aprendas de memoria y por ellos pierdas el habla. Olvidas siempre, pequeño embustero, la sincronía de los segundos, el apego a la basura o el amor hacia los cristales de aquella obra perfectamente destrozada y que hoy se exhibe por los pubs y por las noches con caché difícilmente alcanzable. La misma obra que algún imbécil dogmático estableció que venía escrita y  no, no sólo tiene un modo de mostrarse porque este es falso e inconsistente, muerto en entrañas y de emociones y oscuro como el llanto de un mal actor en una cama de Paris en una noche de noviembre.

Con los dedos pequeños y congelados también es posible tocar aunque sea un sonido absurdo, horrendo, desafinado y transmitir y hacerlo a propósito y acabar componiendo para una basura aún más artística con clichés, todos ellos juntos y pegaditos desde el disfraz hasta las frases sin olvidar la pose, aquella que imitas en el espejo cuando tu solito te haces las fotos de presentación post-mortem.

La última vez que su santísima excelencia de creador perfecto sugirió la música, más de un tímpano y más de dos quedaron deprimidos de por vida. Por eso no basta con tener las teclas limpias, las partituras preparadas y ser además una buena pieza de coleccionista con sus rarezas post-modernistas y todo; esto puede ser el asco en la máxima esencia. La necesidad de crear no depende de lo que se sabe y se ha puesto siempre en práctica sino más bien de lo que no se nos cree capaces de mezclar, estropear, distorsionar, manipular, escuchar y decir. Si lo revuelves todo con unas notas del veneno que vendes, aplicándolas en pequeñas dosis, quizás algún día consigas unas notas de genialidad, eso si, después de haber inmolado una parte de tu cerebro, la que quede aún limpia y sana.

Ahora si, compositor, raras veces cultivarás aplausos con lo que opinas, crees que has creado y muestras orgullosos en locales perjudicados de visión periférica, el aplauso más falso es el que te cobija, te hace sentir bien porque conoces tus limitaciones, porque en realidad no opinas, porque no tienes opinión y anda muda tu obra y rota en citas de otros y creencias de otros, asique simplemente no compongas, sólo copia que es lo que haces mejor como haces cada día cuando sales de la ducha. Yo inventaré lo que yo quiera con la basura que creas y que creastes y después haré un batido para tragarlo y devolverlo al hueco del suelo de donde nunca debió salir, pero sólo lo haré como favor, por todo aquello que me enseñaste y que nunca podré pagarte porque simplemente no tiene precio...

Con dedos pequeños y congelados se puede tocar y se toca, se toca porque una fuerza hace que se muevan por encima de tus tantas nimiedades e hipocondrias, porque para ello lo importante no es la técnica, el oido, los años de conservatorio o el buen piano sino algo más que cuando te escondes para no sentir, mientras lees libros absurdos con fotos que románticamente insultas en el escusado, sientes que la esencia se deshace porque no puedes tenerla porque es mejor plagiarla o chuparla o disfrazarla en las cualidades de los buenos pianistas. Pero aquellos que tocan porque son capaces, porque pueden por encima de las clasificaciones y de los sentimientos de nimiedad son lo que son, son la fuerza de la capacidad de la que careces. Y más de un gran concierto y más de dos, tragarás en primera fila aplaudiendo el éxito de tu propio fracaso, si es que llegas a darte cuenta, mientras por dentro algo te revienta los labios sin ser precisamente el goce.





1 comentario: