miércoles, 10 de agosto de 2011

Una vez fue tierra, sólo una vez

No ha llegado el momento y aún así la raíz crece

 
Por las esporas sabríamos cualquier cosa, como que a veces canta sin necesidad de entonar o que el sudor de sus noches de verano tiene nombre de algún famoso traficante de hígados. Podríamos saber si ha comido últimamente o si vende su sangre para dejar de pensar. Únicamente abre los ojos cuando la observan, los abre por completo, como gritándo: mírenme, pero mírenme bien porque esto es lo que se entierra! Al lado de la tierra que arrastra, de la tierra en la que se tumba y se refugia, de esa tierra que le acoge más allá de los edificios y de las comunidades de propietarios, sólo cabe un cuerpo que desesperado huye del que fuera su destino.





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