jueves, 29 de septiembre de 2011

En mitad


Cuando el salto se ha de dar no basta con las piernas ni con la mirada perdida en unos ojos a los que nunca podremos agarrar. Justo en el aire, habrá que apretar bien los puños y presionar con ansia las muelas pues también, hay que saber caer para no desaparecer en el fuego. 

La fiera come montañas mientras el cazador se esconde en ella

Debí conocerlo hace unos años en la facultad pero no lo recuerdo. Tras un medio externo de contacto, la cita llegó a la fecha límite sin prescribir. Se que estuve esperando durante más de treinta minutos antes de decidirme a entrar sola en el concierto de una planta que bajaba y antes de fumarme los tres cigarros de no quiero estar sola en la puerta de un bar en el que había metafóricamente estado. Al cabo de 67 escalones llegó con unos rizos cansados y una mirada terca. No me dió la gana de preguntarle por su día, ni por lo bueno, ni por lo malo y así de algún modo sintetizaba las ganas de excretar. Digo que debí conocerlo porque no recordaba nada desde el 2006 y tampoco creo que a él le quitase el sueño haber encontrado mi email por casualidad en casa de un ex-amigo común o haber dejado algunas camisas y muebles en un apartamento que pudo, aunque compartido, haberme pertenecido. Como me dijo un buen amigo, -antes de escupirme compuesta a la calle-, para cierto tipo de caballeros no es necesario encontrar un buen aparcamiento para madurar entre coitos de madrugada, ni tampoco una buena cervecería para creerse que se puede conectar con seres estrábicos en temas como la comida, los calcetines o el amor. La cuestión es que prometió una noche a cambio de dejarlo estar.

Compramos unos tercios y nos acercamos lo más posible al escenario -oscuro de luces verdes como los encantos de las putas- sin mirarnos demasiado ò prefiriendo hacerlo a los laterales, o a los demás emparejados enlutados de CK One, observando las posibilidades de la polarización o de la no-intervención. Durante la primera media hora tejí una extraña teoría sobre la química inconclusa, la de la saciedad por el placer de nunca haberse saciado. Lo miré de reojo durante unos instantes, aproximádamente entre el segundo y tercer párrafo de cada tres canciones, -lo que en mi cálculo son en realidad años- acercándome a su nariz alienada.

Llegado a un punto, casi hora y media después de un concierto plano con demasiadas faldas, por curiosidad, aguanté con las pupilas fijas en su barbilla cinco minutos en los que sonriéndome apenas me vió, - no tanto los culos carcomidos o camilleros de la sala-.Yo le vacié entre oreja y oreja la palabra que una madre nunca merece, eso si, con discreción isabelina y elegancia de la que no se pronuncia. Puede que esta sea la estrategia de las Divas, aquellas que fuman y esperan creyendo que lo que esperan bien vale la nómina completa cuando en realidad les atufa el camión de la basura. Si te dicen que soñé, lo hice hasta el siguiente bis,  a fin de cuentas el estribillo era casi siempre bueno en esas doce canciones, aunque la guitarra fuese lo único en escucharse o la razón de tener entrañas, y saber con qué fin, se perdiese en el desfile prominente de prendas de ebay. Fui o fuimos a la barra hasta dos veces más y era extraña la humedad de los aplausos y la ingesta de vanidad y seca, muy seca, la excitación. Era perfecto el escenario para deshacerse y el público para viajar astralmente a la Antártida. La última canción que recuerdo tenía demasiada percusión y mucho público en el aseo del arrepentimiento.

Hubo un momento que pareció el fin, del concierto. El anecdotario de la wikipedia y de los elogios tenía vida propia y botas de serraje a eso de las siete de la madrugada. Me dejó en la puerta de la urbanización convencido de haber hecho uno de los mejores trabajos de su vida y aterrado por el trabajo de campo que le había supuesto mi análisis. La cajetilla y media de tabaco no era bastante. Debí conocerlo, pero no lo recuerdo. Sólo sé que se marcho con su pelo rizado y su mirada terca. Me fumé otros tres cigarros más. Debí conocerlo en la facultad pero yo, lo cierto es que no lo recuerdo...

miércoles, 28 de septiembre de 2011

lunes, 26 de septiembre de 2011

Al otro lado del espejo


El cielo se encuentra a un paso de que el agua queme y de que los fuegos sean sólo gotas de lluvia en un reflejo del sudor de una copa a mediodía o de una manzana con guarnición de paracetamol. Allí mismo donde la actriz grita en silencio mientras el escritor reproduce orgasmos frente a un escenario del teatro principal con guión de rocas y magnetos. Y será también allí con las notas disueltas de una composición para guitarra, al caer la noche, cuando los cangrejos brinden y analicen las razón del espejo  en una Venecia sin normas, sin juzgados y más sal.

viernes, 16 de septiembre de 2011

El niño cristal

No esperó la explicación. Lanzó la copa contra la pared y la botella contra el espejo central. Después recogió la carpeta de cuero y pisó con las botas llenas de barro la cara alfombra del salón, hizo las maletas y escupió en la entrada. Dejó la cajetilla de tabaco junto al recibidor y devolvió el zippo que le habían regalado. Un buen cristal se define por la forma en la que se fractura.

martes, 13 de septiembre de 2011

Como febrero en alta... ¿fidelidad?

Pánico porque en el fondo sabe que no hay llavero, ni llave, ni contraseña y entrar o salir es cuestión de mover los pies hacia delante o hacia la puerta de la izquierda que siempre permanece abierta y son abrazos fáciles y predecibles. Pánico porque ha de sentir sin la cabeza; sentir rabia y amor e indiferencia y pena aunque nunca un fracaso si agotó la verdad y las fuerzas; asumir que no hay mayor tirano que el que se siente débil. Pero no es malo caminar a oscuras y  tropezar y golpearse y mostrar que no tenemos el cutis perfecto de no lastimarnos y de sufrir meses de insomnio y de cincuenta cajetillas de tabaco del más barato; no es malo si el pánico un día desaparece y la puerta de la izquierda acaba siendo tapiada y huyendo las gotas de sus lagrimales y las hostias de sus recuerdos como el negro de los pulmones. El vacío es una etapa de la guerra en la que la estrategia es darse cuenta de lo que se esconde tras la lógica de la supervivencia y de desmontar con vistas todas y cada una de las paranoias y mentiras: sangre, dolor y canciones de música.



Nightmare

Estoy cerca de un parque verde y amarillo con la arena rojiza. Hablo con el matrimonio que quiere vivir en mi piso mientras yo les informo de la pesadilla de la casera, la mujer loca que accede al inmueble sin preaviso y sin permiso cuando le entra la nostalgia de bruja.

Caminamos demasiado tranquilos por el parque hablando de las instalaciones y de lo buena zona que es sobre todo para los niños por la cantidad de plazoletas y jardines que tienen alrededor, también hay tiendas y algunos bares pero en general es una zona céntrica sin demasiado ruido. De repente, en mitad del solitario parque empiezan a aparecer perros abandonados y preciosos de todo tipo pero, según voy observando a la mitad de ellos le falta algún miembro, -también abundan cachorros que intentan jugar con los desconocidos como nosotros-. Sigo mirando a mi alrededor y especialmente al suelo, mientras caminamos hablando de los abusos a la intimidad que no refleja el contrato con inventario de más de doce cláusulas que preside ahora mi escritorio. En mitad de la arena, empiezan a aparecer perros y más perros, cachorros y más cachorros con cuerpo de perro y cabeza extraña. Uno de los perros adultos incluso se relame una pata propia amputada que yace justamente al lado de él como si aún sintiese el miembro que le ha sido arrancado. Curiosamente, es mi perro favorito: un labrador.

Según avanzamos, empiezo a ver unas extrañas formas que se mueven bajo la arena artificial y reseca; decido entonces caminar por el cesped de los laterales. Algunas cabezas empiezan a emerger de la superficie y le pido al matrimonio que no caminen por ahí. Son cabezas de caimán que vagan solas y se mueven sin cuerpo.  Ya casi en el final del recorrido, algunas de estas cabezas aparecen con cuerpo y son caimanes completos que intentan morder y mordernos. Los perros sucios y abandonados van a parar a ese parque porque obviamente es tranquilo y no hay personas que los maltraten todavía más, pero allí, una vez se instalan los pseudo-muertos caimanes les arrancan parte de sus cuerpos y los van comiendo con la sumisión del que desea desaparecer. Pululan mandíbulas fantasmagóricas moviéndose por todos lados sin piel y sólo con huesos. Lo raro de todo es que los cachorros son cruces de estas atrocidades.

Miro al matrimonio y sin que diga nada saben que no es el mejor sitio para bajar a jugar con los niños yo miro la calle desde el otro lado del parque y con un escalofrío brutal enciendo la luz de la mesilla.


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viernes, 9 de septiembre de 2011

Mujeres de...

Miriam Luciel sale -como cada fin de semana que la ocasión de la empresa lo requiere - buscando el vestido perfecto para la boda de uno de sus colegas o jefes, sino hubiera sido la boda, hubiera sido cualquier evento de domingo, bautizo o comida de las amigas de la facultad, donde es necesario demostrar que uno no es nadie sin un buen fondo de armario. No es una chica convencional pues ella lo controla todo al milímetro, hasta las ondas de su flequillo. Toma como siempre la gran via como núcleo de asalto, tras la infusión de te verde y la barrita de mueslie en el bolso, pero entrará sin duda en las boutiques de la calle Barroso con un buen antiojeras y las píldoras de la belleza entre sus jugos gástricos. No fuma, hacerlo sólo puede envejecerle e incrementar su celulitis pero si el polvo lo merece podría crear la pose al estilo Hepburn. No tiene pareja y si que le importa pero, siempre piensa que no ha llegado su momento. A sus treinta y ocho años cree en la existencia de un ser perfecto que la salvará a caballo declarándole su amor abrupto, eterno e incondicional. Cree tanto en ello como en el hecho de que el bronceado de las peluquerías baratas no puede producirle ningún daño en su piel y además, -cuando ya es anaranjado- es perfecto para sus enigmáticos ojos verdes. Sus andares podrían ser similares a los de un zanco caminando sobre el empedrado de una calle antigua en el desfile de carnaval, -no puede bajarse de los tacones pero, desconoce el concepto de la elegancia caminando-. La feminidad no es algo que deba ser entrenado. Cuando haya gastado el cincuenta por ciento de su sueldo y sobrepasado los minutos de su tarifa plana, llegará a esa casa con el frigorífico vacío y el estómago aún más, pedirá comida china y arreglará las últimas revistas de decoración que permanecen aún en la mesita de su comedor con los plásticos del envío aún sin abrir. Cualquier empresa de las que se dedica a crear los entornos de decoración de las revistas que tanto le gustan hubiera podido utilizar su estudio para un número, sin embargo, la frialdad del hogar también hubiera quedado patente como en las cocinas de ikea. La libreria del comedor tampoco es escasa pero los libros de tapa dura parecen demasiado nuevos o demasiado previsibles. Ha visto los mensajes del café de las cinco y sólo tendrá una hora y media para recomponerse y sonreir a la clase de personas que esperan en el TinTin los sábados por la noche dejando las inmensas propinas de quién no sabe cómo llegar a fin de mes aparentando. Manhattan -piensa- puede encontrarse también en cualquier capital de provincia con sueldos mileuristas, bastante menos glamur y un poquito de más mala leche en la madrugada.


martes, 6 de septiembre de 2011

Pesadilla...Temporalmente

No es posible, ahora no. Mañana quizás, tal vez dentro de unos meses. Seguro... al pasar los años, ni cien años. No te preocupes no serán tantos, ni mucho menos 15 para ello han de cumplirse los 18 y entrando en la autopista. Descuentos, no aptos para mayores de 26. Revisión a los 30 parte superior. Revisión a los cuarenta, parte inferior y sofocando. Latitud, dilatación, rumbo, pasaporte, compras, cursos de reiki y senderismo una vez a la semana, domiciliación de recibos, la peluquería no está abierta los martes, el carnet de socio para los domingos. Aniversario, olvido, aniversario, residencia-geriátrico-guardería concierto-desconcierto ya no somos jóvenes. Tarjeta- Hipoteca. Bodas de plata y bautizos, algo más que polvo quizás en las de oro.

Septiembre tóxico

Está ameneciendo decía la radio, va a llover avisaba el hombre del tiempo, caerá la bolsa predecían los economistas. "Aumenta el número de adictos y de dietas milagros, de cánceres de pulmón y de desempleados", informaba en el mismo tono la televisión. Avanza el huracán Katherine, han muerto algunas cantantes británicas por causas tan desconocidas como sobreconocidas, Paris Hilton vuelve a aparecer borracha en una fiesta de inauguración, dedicaban algunas páginas de las revistas del corazón baratas. "Aparecen escalofriantes fotografías de violaciones a menores en China", decía un contertulio en un sesgado programa radiofónico con el mismo tono que felicitaba más tarde al ganador de la bonoloto; también se escapaba por entonces el humo por la ventana de la cocina mientras se quemaba el cocido y Nadal se retorcía en mitad de una rueda de prensa. El tráfico era cortado por el accidente de las 17 en la esquina del barrio según descubría la sirena de un coche de policia que llegaba tarde. Los niños volvían a torcerse la columna llevando kilos inútiles en la espalda, los abuelos a sentirse útiles al acompañarlos y esto no lo anunciaba ningún periódico digital. ¿Cuesta tras las vacaciones? reían los depósitos de los bancos y los gimnasios. Correos llevaba dos veces por semana un paquete a la mujer del 2º-1ª-. Nevará en Octubre en las vacaciones de los empresarios por el norte de Europa comentaban los montañistas del club de federados. Te esperaré en noviembre exclamaba el reverso de la última postal.



domingo, 4 de septiembre de 2011

De lo que fue un creyente


Sólo aprendí a rezar de una forma y esa forma era viviendo.
La plegaria eran los hechos, los mios y los del camino;
las dudas, la única verdad.

Meditar, algo más que cerrar los ojos sino, abrirlos desde el alma.
Pedir, la noción del tiempo, el eco de la nobleza, no de la humildad.
Invocar al cielo o a un nombre, carece de sentido.

Sólo aprendí a rezar de una forma y esa forma era viviendo.
La gratitud era el ánimo, las sorpresas el amor, la ayuda, lo pactado;
la fortaleza, Dios.

Sudoku

A Mónica

Me he comido y vomitado tantas veces el mundo que apenas me quedan dientes, ya ni siquiera sueño con perderlos. A veces, a las seis de la mañana una extraña voz me despierta y me desvela y da igual que mis vecinos hayan dejado de follar o hacer el amor como ellos piensan ahora. La cocina sigue en el mismo sitio a esas horas de la noche pero mis huesos no. De lo que soñaba mejor ni hablamos, tampoco del alma. A veces, al encender la tele con el desayuno me pregunto por qué hay que abrir la boca para comer o para ser, o mejor aún, para gritar una integridad que se desvanece.

- Te lo he dicho muchas veces!- te enfadas por teléfono cerca del medio día, -no vale la pena!, no vale la pena que confie y que confies!, bien lo sabes; hay que correr más rápido que el veneno aunque lleve tiempo recorriendo cada músculo-.

A eso de las dos de la tarde vuelvo a salir a la calle a recogerte entre bolsas de la compra y gafas de sol; miro a izquierda y a derecha y la paz se estropea por las palabras a través de los móviles y las discusiones con acento de las familias que van de cañas. Tú me miras y no hace falta que digas mucho; yo digo mucho y no debería decirte nada. La cicatriz es la misma y mi antibiótico no estoy segura de que funcione. Pasamos por varias paradas de bus y me hace gracia el anuncio de la once: "Mi ilusión ni tocarla", es bonito... pero, ¿cuántas veces la nuestra puede sufrir el KO?

Ahora somos nosotras las que nos sentamos a reir en la hamburguesería y yo te hago soltar una carcajada a desgana imitando a un famos autor de libros y algún que otro gilipoyas que trabaja con nosotras, - sabes demasiado- me dices-. Y yo quisiera no hacerlo...

Dos niños diminutos se golpean sin complejos a la hora de comer y yo los envidio porque no pudiste golpear otras cosas con tanta vehemencia porque yo tampoco pude. Me cuentas algo estúpido sobre tu primer novio, yo me río y de momento sobre los mios prefiero ni mencionarlos.  Expulas por fin la mueca que venía esperando y se esfuma la tranquilidad -mientras dos camareros intentan darnos conversación y nos regalan patatas- Me atraviesas con tu silencio y veo que mi timón no es el único naufragio justo antes de que te pregunte cómo se hace una dieta para que ya no me reconozcan, tras lo que respondes -cuál es la dieta para que no me vean?...Mil teorías podría exponer y mil mas podrías reprocharme tú  y sin embargo, masticamos sin prisas las expectativas triunfantes de tu rabia y la mia. Tragamos como desde niñas nos enseñaron a hacer, tragamos el dolor mezclado en cocacola, la impotencia con las patatas y la humillación con los trozos de cebolla.






jueves, 1 de septiembre de 2011

As if I'd never been

(...)So I went to read English books, and did my best to avoid the speccy, spotty fate that Helen had predicted for me. I probably looked as wide-eyes, fresh and artless as any other student. But I wasn't.
One of the boys I went out with -and they really were boys-, once asked me to go to Paris with him. And I told him I'd love to, I was dying to see Paris. As if I'd never been... An Education. Lone Scherfig. (...)

There's no smoke without fire