domingo, 4 de septiembre de 2011

De lo que fue un creyente


Sólo aprendí a rezar de una forma y esa forma era viviendo.
La plegaria eran los hechos, los mios y los del camino;
las dudas, la única verdad.

Meditar, algo más que cerrar los ojos sino, abrirlos desde el alma.
Pedir, la noción del tiempo, el eco de la nobleza, no de la humildad.
Invocar al cielo o a un nombre, carece de sentido.

Sólo aprendí a rezar de una forma y esa forma era viviendo.
La gratitud era el ánimo, las sorpresas el amor, la ayuda, lo pactado;
la fortaleza, Dios.

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