domingo, 4 de septiembre de 2011

Sudoku

A Mónica

Me he comido y vomitado tantas veces el mundo que apenas me quedan dientes, ya ni siquiera sueño con perderlos. A veces, a las seis de la mañana una extraña voz me despierta y me desvela y da igual que mis vecinos hayan dejado de follar o hacer el amor como ellos piensan ahora. La cocina sigue en el mismo sitio a esas horas de la noche pero mis huesos no. De lo que soñaba mejor ni hablamos, tampoco del alma. A veces, al encender la tele con el desayuno me pregunto por qué hay que abrir la boca para comer o para ser, o mejor aún, para gritar una integridad que se desvanece.

- Te lo he dicho muchas veces!- te enfadas por teléfono cerca del medio día, -no vale la pena!, no vale la pena que confie y que confies!, bien lo sabes; hay que correr más rápido que el veneno aunque lleve tiempo recorriendo cada músculo-.

A eso de las dos de la tarde vuelvo a salir a la calle a recogerte entre bolsas de la compra y gafas de sol; miro a izquierda y a derecha y la paz se estropea por las palabras a través de los móviles y las discusiones con acento de las familias que van de cañas. Tú me miras y no hace falta que digas mucho; yo digo mucho y no debería decirte nada. La cicatriz es la misma y mi antibiótico no estoy segura de que funcione. Pasamos por varias paradas de bus y me hace gracia el anuncio de la once: "Mi ilusión ni tocarla", es bonito... pero, ¿cuántas veces la nuestra puede sufrir el KO?

Ahora somos nosotras las que nos sentamos a reir en la hamburguesería y yo te hago soltar una carcajada a desgana imitando a un famos autor de libros y algún que otro gilipoyas que trabaja con nosotras, - sabes demasiado- me dices-. Y yo quisiera no hacerlo...

Dos niños diminutos se golpean sin complejos a la hora de comer y yo los envidio porque no pudiste golpear otras cosas con tanta vehemencia porque yo tampoco pude. Me cuentas algo estúpido sobre tu primer novio, yo me río y de momento sobre los mios prefiero ni mencionarlos.  Expulas por fin la mueca que venía esperando y se esfuma la tranquilidad -mientras dos camareros intentan darnos conversación y nos regalan patatas- Me atraviesas con tu silencio y veo que mi timón no es el único naufragio justo antes de que te pregunte cómo se hace una dieta para que ya no me reconozcan, tras lo que respondes -cuál es la dieta para que no me vean?...Mil teorías podría exponer y mil mas podrías reprocharme tú  y sin embargo, masticamos sin prisas las expectativas triunfantes de tu rabia y la mia. Tragamos como desde niñas nos enseñaron a hacer, tragamos el dolor mezclado en cocacola, la impotencia con las patatas y la humillación con los trozos de cebolla.






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