lunes, 31 de octubre de 2011

Se escurrió de entre sus manos. Rodando y rodando fue a dar con la puerta de salida chocanco bruscamente con el recibidor. Exhausta y olvidada, se sentó en la moqueta a llorar. Cuando el invitado marchó para casa, la recogió con una sonrisa, ofreciéndole el extraño calor de sus piernas.

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