martes, 8 de noviembre de 2011

En los meses que estuvo desaparecido ninguno de sus amigos pasó jamás por su edificio para intentar averiguar si sólamente había sido ingresado en el hospital o había sentado las bases para una protesta social en el piso sexto del tercer bloque de la calle Compañía. A las dos horas de conversación, sólo uno mencionaba el caso entre la cuarta y la quinta cerveza. Cuando al séptimo mes regresó, se sentó en uno de los taburetes de madera del corrillo, en silencio, escuchando; tampoco nadie noto la más mínima diferencia pues sólo hubo silencio entre la cuarta y la quinta cerveza.

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