miércoles, 25 de enero de 2012

Estado de crisis

Hemos probado tantas cosas que no sabemos qué querer. Probar las heridas y los abrazos, las tormentas y el hastío, los tonos más graves y el silencio. Hemos conjugado tantas acciones que la mitad de ellas ya son impersonales, carecen de subjuntivos y están llenas de condicionales, el presente es cojo, mudo y bastante sordo. La causa de lo que miramos puede ser cualquier mota de polvo y la consecuencia casi siempre es una resta. Hemos barrido tantas piedras y rocas que las grietas solo quedan en algunos nudillos sin suficiente crema o de unos labios que no conocen vaselinas; y, las naranja sólo escuecen si besan limones. Los ríos ya no hablan pues arrastran despidos y muchas bolsas de plástico. Una canción, un vinilo y un casete son las reliquias de alguna infancia y el tocadiscos no arranca sino es de tu memoria. La piscina del chalet de las afueras no se llena con deseos, ni con esfuerzo. Tampoco la calefacción enciende el fuego, la llama o la sangre. Hemos creado y transportado formatos para ser estrictamente censurados; elegir no hemos podido lograr que sea de todos. Hemos lanzado los dardos a unos fondos, la jubilación a los cuarenta ladrones y la fe ciega a unos salmos con subvenciones. Hemos tragado tantas palabras y tan poca saliva que es difícil tener arrugas y el corazón contento. Probar, probar y no dejar que el tacto alimente, ser embaucados en una constante de sílabas y disfraces, de espera sin cliente, de lucha sin saber de la existencia de batallas. Hemos probado tantas cosas que no sabemos que podemos querer.

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