martes, 1 de mayo de 2012

La debilidad de la luz

Especialmente le siguen dos sombras. La más delgada siempre le reconoce en los edificios y en los cristales de ciertas peluquerías cutres con nombres en rosa y posters de peinados de principios de los noventa. La otra sólo aparece cuando llueve y a veces cuando nieva, siempre cuando pasa frío y se asoma a los charcos. Al caminar, sobre la acera o el cemento, comprueba -casi a diario- la presencia de esa bifurcación, se cerciora de que está ahí...como un ente que sólamente dividido puede ser un todo, casi un ser. Una fragilidad que se separa para ser más, más grande y más fuerte y para ser dos y ser compañía y ser su miedo. Sin color se pintan en gris pero eso no cuenta... sólo el pensamiento y los espacios repletos de luz y de objetos las expulsan, las obligan a esconderse como proscritas y es él o ella sin guardaespaldas entonces. Sólo con la gente y con el sol y con el ruido y sin construcciones dejan de preocuparse o de divertirse y han de esperar que la marea negra aparezca una vez más.


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