viernes, 15 de junio de 2012

Fin de curso

Hay que recoger los libros y libretas, las notas, los cds y descansar. Ya están algunas cajas en el armario. Utilizar el tiempo que viene para pensar o para no hacerlo, para tumbarse y soñar -también quiero leer-, coger fuerzas también para, de nuevo, despedirme y aprender poco a poco a despedirme con más frecuencia y menos angustia. Justo éste viernes, a una semana de que finalice el curso en el colegio, miro atrás repasando el año y medio que esta ciudad me ha brindado para recuperarme, para elegir y para crecer. Sólo puedo estar agradecida y especialmente al cúmulo de casualidades que acaba siendo mi vida y que me sorprende gratamente. Encuentros, sensaciones, cerebro y hechos. Calma es la palabra que me ha regalado esta especial residencia pues, he tenido que aprender de ella junto con la soledad más propia de los que no podemos estarnos quietos y a la vez apenas podemos estar acompañados de los seres que queremos. Se acaba el curso y unas cuantas cosas más. Empiezan otras y algunas las tengo aparcadas en el trastero, sin saber si es el momento de usarlas o tirarlas pero ya no tengo prisa, ni agobios...y sobre todo, ya no tengo fantasmas... y ahora que he aprendido a quedarme quieta me toca moverme de nuevo, precisamente, porque aprendí a querer permanecer en un sitio y sin pretensiones y en la "realidad", "mi realidad". Y entendí que fuera solo nos rodean espejos de lo que somos y sentimos por mucho que no queramos verlo o que seamos voluntariamente ciegos. Asique, ahora que quiero quedarme, que he vuelto a enamorarme de la vida, de la gente, que creo he vuelto a retomar los hilos de mi misma y de cosas que no debía apartar hace años, haré las maletas porque gracias a este parón me toca volver a viajar y volver a mudarme pero esta vez, mucho más lejos...aunque esto, no lo haga el corazón.





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