viernes, 13 de julio de 2012

La sombra del precursor y de la retirada

(...)Yo venía a cerrar la puerta, me contesta mirándome a los ojos. Le dejo en el suelo y añade: cuando llega esta hora, todos se van; se hartan de tanto esperar. Entonces, vengo y cierro la puerta. El hombrecito no parece tener muchas más cosas que decir, y se mueve con desazón, como si fuese demasiado tarde y tuviese prisa por marcharse, o llevase a hombros una carga pesada y mis preguntas fuesen una molestia más. Empiezo a caminar, buscando un taxi que me lleve a la estación.
Sobre la no comparecencia a las citas.
Quim Monzó.


Primero asistí al partido de tenis y me quedé esperando, estaba cansado pero debía despedirme antes de marcharme por la grada lateral. Todo era dinámico, perfecto y sonriente: el entorno, sus uniformes, sus dientes, sus manos y sus carreras. Alguna vez jugué contra ellos o lo intenté, en ese momento sin embargo, ya había asumido ser el público paciente que mira pasar la pelota de un campo a otro sin poder intervenir en la trayectoria; deseando gritar el out en algún momento. Observar desde la altura no tiene gracia y depender del tiempo y de un reloj tampoco. Al cabo de media hora me levanté y con la perspectiva miré de frente la tierra batida...cuando ya han aprendido solos a ganar, ya más nada puede enseñárseles...





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