domingo, 1 de julio de 2012

Y el por qué...

En esa hora concreta en la que los armarios se hacen enormes, las cajas se amontonan y las ventanas siguen sin cortinas  todo tiende hacia un kaos que se entremezcla con recuerdos, sensaciones, cansancio y nervios. En algún momento y en alguna hora todo tendrá su sitio pero no siempre en la mente y en el corazón quizá la culpa es del silencio o del lenguaje... Mientras nos toca correr para organizar los objetos me pregunto como parar la mente y apagar la intermitencia en mi pulso y sueño con tener la capacidad algún día de no temer a la tormenta ni a las expectativas; de no temer que las cosas no salgan bien o lo hagan.

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